Lo explican Peter Schiff y Daniel Mitchell en estos vídeos. En el primero Schiff (el asesor de Ron Paul que lleva alertando de la actual crisis desde hace años) explica cómo la expansión crediticia ha llevado a la economía estadounidense a una burbuja cuyo estallido tendrá consecuencias nefastas. En el segundo, Mitchell, académico del Cato, analiza las razones por las que las políticas que pretenden estimular la economía a través de un gasto público masivo están condenadas al fracaso a medio plazo. El segundo está subtitulado en castellano.
La versión subtitulada del vídeo de Mitchell es de hecho un resumen de la original, que dura casi el doble.
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sábado, 24 de enero de 2009
Ni el desparrame crediticio ni el presupuestario son buenas ideas
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coyuntura económica e inversiones,
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lunes, 19 de enero de 2009
El instante previo al dolor
Etiquetas:capitalismo, globalización
propuestas desatinadas
martes, 13 de enero de 2009
Abandono Siracusa. Me incorporo a 30 ADP
Después de once meses colaborando en Siracusa 2.0 como blogger asociado y como editor he llegado a un acuerdo con el resto de los socios fundadores para desvincularme del proyecto. Los lectores que accedían a este blog a través de Siracusa, no podrán seguir haciéndolo a partir del próximo post, pero sí se podrá acceder a través de Red Liberal y AntiZP mientras los propietarios de dichas páginas me sigan acogiendo.
Aprovecho para anunciar que también colaboraré en el blog 30 Años de Partitocracia, que tiene por objeto denunciar la baja calidad democrática de nuestro sistema institucional.
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Aprovecho para anunciar que también colaboraré en el blog 30 Años de Partitocracia, que tiene por objeto denunciar la baja calidad democrática de nuestro sistema institucional.
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viernes, 19 de diciembre de 2008
Ron Paul y Jim Rogers contra Bernanke
Sobre los efectos de la expansión monetaria. Subtítulos en español
Publicado en Youtube en febrero de 2008:
Enero de 2008:
Octubre de 2008
El de Jim Rogers, subtitulado en español aquí
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Publicado en Youtube en febrero de 2008:
Enero de 2008:
Octubre de 2008
El de Jim Rogers, subtitulado en español aquí
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sábado, 6 de diciembre de 2008
Ayudas al automóvil: intervencionismo empobrecedor
En una entrada reciente explicábamos cómo, frecuentemente las políticas intervencionistas, al desviar la producción del curso que habría seguido en un mercado libre impiden que cada factor se emplee de la manera más provechosa y consecuentemente restringen la producción y empobrecen al conjunto de la sociedad.
Estos días la actualidad política nos brinda un ejemplo clarísimo de intervencionismo empobrecedor. El gobierno español ha ofrecido ayudas a los fabricantes de automóviles a cambio de que éstos se comprometan a mantener sus plantillas. Otros países occidentales han propuesto medidas parecidas. El sector atraviesa una aguda crisis. Las ventas de vehículos han caído estrepitosamente y por tanto las empresas deben adaptar su producción y sus plantillas al nuevo escenario. En este contexto ¿Qué sentido tiene incentivar a esas empresas para que mantengan sus plantillas? Políticamente puede tener algún sentido, pero económicamente no tiene ninguno. Si antes las empresas para mantener su producción necesitaban una plantilla abundante, pongamos, por poner un ejemplo, 200.000 empleados, y ahora para una producción mucho menor podrían pasar, por ejemplo con 125.000, ¿qué sentido tiene ayudarles a mantener los 200.000? Mantener a 200.000 trabajadores para producir lo que podrían producir 125.000, equivale a pagar a 75.000 trabajadores para que no produzcan nada. Lógicamente así no prospera ningún país. A nadie le gustan los despidos, pero pagar para no producir nada es ruinoso e inútil. Por cada empleo mantenido merced al gasto público, los contribuyentes que han sufragado ese gasto proporcionan un empleo menos en otras empresas. Si se orientan los recursos hacia sectores en declive, no se conseguirá sino perpetuar la recesión. ¿Qué hubiera pasado si cuando empezó a desarrollarse la industria del automóvil los políticos se hubieran empeñado en salvar el empleo de los fabricantes de carros de tracción animal?
Ante estas políticas populistas, hay que reiterar una y otra vez que los factores productivos son siempre escasos, y que aquellos que se empleen para una industria se están dejando de emplear para otra industria alternativa, acaso más eficiente, productiva y enriquecedora. Para que el capital y el trabajo se orienten hacia aquellos sectores donde pueden ser más provechosos hay que dejar que las decisiones económicas prevalezcan sobre las políticas, es decir hay que liberalizar los mercados para que los agentes, sin interferencias políticas, encuentren los usos más rentables para su capital y para su trabajo. Sólo así se reajustará la estructura productiva y se maximizará la producción redundando en beneficio de toda la sociedad. Los empleos que se pierdan en una empresa, si el mercado laboral es suficientemente flexible, se pueden recuperar en otra más eficiente.
A nadie debe extrañarle, después de este ejemplo, que los países que más trabas ponen al libre proceder de los agentes económicos y que más políticas restrictivas de la producción implementan, sean también los más pobres.
La producción es fin; el empleo, únicamente el medio de conseguirla. (Henry Hazlitt)
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Estos días la actualidad política nos brinda un ejemplo clarísimo de intervencionismo empobrecedor. El gobierno español ha ofrecido ayudas a los fabricantes de automóviles a cambio de que éstos se comprometan a mantener sus plantillas. Otros países occidentales han propuesto medidas parecidas. El sector atraviesa una aguda crisis. Las ventas de vehículos han caído estrepitosamente y por tanto las empresas deben adaptar su producción y sus plantillas al nuevo escenario. En este contexto ¿Qué sentido tiene incentivar a esas empresas para que mantengan sus plantillas? Políticamente puede tener algún sentido, pero económicamente no tiene ninguno. Si antes las empresas para mantener su producción necesitaban una plantilla abundante, pongamos, por poner un ejemplo, 200.000 empleados, y ahora para una producción mucho menor podrían pasar, por ejemplo con 125.000, ¿qué sentido tiene ayudarles a mantener los 200.000? Mantener a 200.000 trabajadores para producir lo que podrían producir 125.000, equivale a pagar a 75.000 trabajadores para que no produzcan nada. Lógicamente así no prospera ningún país. A nadie le gustan los despidos, pero pagar para no producir nada es ruinoso e inútil. Por cada empleo mantenido merced al gasto público, los contribuyentes que han sufragado ese gasto proporcionan un empleo menos en otras empresas. Si se orientan los recursos hacia sectores en declive, no se conseguirá sino perpetuar la recesión. ¿Qué hubiera pasado si cuando empezó a desarrollarse la industria del automóvil los políticos se hubieran empeñado en salvar el empleo de los fabricantes de carros de tracción animal?
Ante estas políticas populistas, hay que reiterar una y otra vez que los factores productivos son siempre escasos, y que aquellos que se empleen para una industria se están dejando de emplear para otra industria alternativa, acaso más eficiente, productiva y enriquecedora. Para que el capital y el trabajo se orienten hacia aquellos sectores donde pueden ser más provechosos hay que dejar que las decisiones económicas prevalezcan sobre las políticas, es decir hay que liberalizar los mercados para que los agentes, sin interferencias políticas, encuentren los usos más rentables para su capital y para su trabajo. Sólo así se reajustará la estructura productiva y se maximizará la producción redundando en beneficio de toda la sociedad. Los empleos que se pierdan en una empresa, si el mercado laboral es suficientemente flexible, se pueden recuperar en otra más eficiente.
A nadie debe extrañarle, después de este ejemplo, que los países que más trabas ponen al libre proceder de los agentes económicos y que más políticas restrictivas de la producción implementan, sean también los más pobres.
La producción es fin; el empleo, únicamente el medio de conseguirla. (Henry Hazlitt)
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sábado, 22 de noviembre de 2008
Los fundamentos de la prosperidad II: el ahorro
El ahorro
Carl Menger, pionero de la Escuela Austriaca, pensaba que no hay modo más seguro para hacer que una idea triunfe definitivamente que dejar que toda orientación contraria llegue a sus últimas consecuencias. En la actual coyuntura económica, las consecuencias de las políticas destructivas del ahorro que han prevalecido hasta ahora están a la vista de todos, pero no está claro que los responsables políticos vayan a cambiar su proceder. Las prácticas populistas de muchos de ellos, exigen el pago de enormes facturas. Y para hacerles frente tienen que recurrir a políticas lesivas del ahorro tales como subir los impuestos, endeudarse, o incluso aumentar la oferta monetaria.
Si las empresas pueden dar una utilidad práctica a los avances científicos y tecnológicos es gracias al ahorro. Cuando se acumula capital las empresas pueden financiar proyectos que les permitan ser más productivas. Pueden introducir innovaciones que les permiten producir más con los mismos recursos. Cuanto más produce el individuo, como vimos, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad, y cuanto más y mejor produce por hora el individuo, más es capaz de aumentar su salario.
Cuando los gobiernos, para sacar adelante sus agendas populistas, recaudan en forma de impuestos, buena parte de la renta de los contribuyentes, están impidiendo que esos recursos se acumulen en forma de ahorro y sean empleados para financiar proyectos que, utilizados en sectores eficientes, habrían redundado en beneficio de toda la comunidad.
Cuando los gobiernos se endeudan están obstaculizando que empresas y familias puedan hacer lo mismo, porque están compitiendo con ellas por un recurso escaso, lo que provoca un encarecimiento de ese recurso, es decir, hacen subir el precio del dinero.
Si los gobiernos, para hacer frente al pago de sus facturas, patrocinan un aumento de la oferta monetaria, estarán diluyendo el valor de la moneda. Directamente estarán destruyendo el ahorro de las familias y las empresas. Cuando hay más euros compitiendo por los mismos bienes y servicios, inevitablemente habrá que pagar más euros para hacerse con esos bienes o servicios. Henry Hazlitt lo explicaba así: “Los que imaginan posible aumentar el volumen dinerario en cualquier medida sin que resulten afectados los precios o bien son incapaces de comprender que la colectividad no puede adquirir doble cantidad de bienes que antes, a menos que su producción se duplique, o imaginan que lo único que impide el crecimiento indefinido de la producción no es la escasez de mano de obra y las limitaciones del horario laboral y de los restantes factores de la producción, sino tan sólo la escasez de medios de pago”.
Por eso, las medidas que obstaculizan este proceso de acumulación y asignación a sectores eficientes del capital, están obstaculizando el progreso que posibilita más y mejor producción y también mayores salarios.
El ahorro, conviene recordar, no se genera espontáneamente. Depende de los tipos de interés. Si éstos son artificialmente bajos, el incentivo para ahorrar disminuye y provocan que se demande más dinero del que se ofrece, a la vez que se distorsiona la relación entre el consumo presente y el consumo futuro. Además se lanza una señal engañosa a los operadores que hace que proyectos antieconómicos les parezcan en principio rentables. Esto da lugar a malas inversiones a gran escala cuya inviabilidad se revela al estallar las crisis que estas políticas originan.
Por eso es importantísimo que los tipos de interés no dependan de populistas inescrupulosos.
Los fundamentos de la prosperidad I: la producción
Los fundamentos de la prosperidad III: el libre intercambio
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Carl Menger, pionero de la Escuela Austriaca, pensaba que no hay modo más seguro para hacer que una idea triunfe definitivamente que dejar que toda orientación contraria llegue a sus últimas consecuencias. En la actual coyuntura económica, las consecuencias de las políticas destructivas del ahorro que han prevalecido hasta ahora están a la vista de todos, pero no está claro que los responsables políticos vayan a cambiar su proceder. Las prácticas populistas de muchos de ellos, exigen el pago de enormes facturas. Y para hacerles frente tienen que recurrir a políticas lesivas del ahorro tales como subir los impuestos, endeudarse, o incluso aumentar la oferta monetaria.
Si las empresas pueden dar una utilidad práctica a los avances científicos y tecnológicos es gracias al ahorro. Cuando se acumula capital las empresas pueden financiar proyectos que les permitan ser más productivas. Pueden introducir innovaciones que les permiten producir más con los mismos recursos. Cuanto más produce el individuo, como vimos, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad, y cuanto más y mejor produce por hora el individuo, más es capaz de aumentar su salario.
Cuando los gobiernos, para sacar adelante sus agendas populistas, recaudan en forma de impuestos, buena parte de la renta de los contribuyentes, están impidiendo que esos recursos se acumulen en forma de ahorro y sean empleados para financiar proyectos que, utilizados en sectores eficientes, habrían redundado en beneficio de toda la comunidad.
Cuando los gobiernos se endeudan están obstaculizando que empresas y familias puedan hacer lo mismo, porque están compitiendo con ellas por un recurso escaso, lo que provoca un encarecimiento de ese recurso, es decir, hacen subir el precio del dinero.
Si los gobiernos, para hacer frente al pago de sus facturas, patrocinan un aumento de la oferta monetaria, estarán diluyendo el valor de la moneda. Directamente estarán destruyendo el ahorro de las familias y las empresas. Cuando hay más euros compitiendo por los mismos bienes y servicios, inevitablemente habrá que pagar más euros para hacerse con esos bienes o servicios. Henry Hazlitt lo explicaba así: “Los que imaginan posible aumentar el volumen dinerario en cualquier medida sin que resulten afectados los precios o bien son incapaces de comprender que la colectividad no puede adquirir doble cantidad de bienes que antes, a menos que su producción se duplique, o imaginan que lo único que impide el crecimiento indefinido de la producción no es la escasez de mano de obra y las limitaciones del horario laboral y de los restantes factores de la producción, sino tan sólo la escasez de medios de pago”.
Por eso, las medidas que obstaculizan este proceso de acumulación y asignación a sectores eficientes del capital, están obstaculizando el progreso que posibilita más y mejor producción y también mayores salarios.
El ahorro, conviene recordar, no se genera espontáneamente. Depende de los tipos de interés. Si éstos son artificialmente bajos, el incentivo para ahorrar disminuye y provocan que se demande más dinero del que se ofrece, a la vez que se distorsiona la relación entre el consumo presente y el consumo futuro. Además se lanza una señal engañosa a los operadores que hace que proyectos antieconómicos les parezcan en principio rentables. Esto da lugar a malas inversiones a gran escala cuya inviabilidad se revela al estallar las crisis que estas políticas originan.
Por eso es importantísimo que los tipos de interés no dependan de populistas inescrupulosos.
Los fundamentos de la prosperidad I: la producción
Los fundamentos de la prosperidad III: el libre intercambio
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viernes, 14 de noviembre de 2008
Neopanglossianos
“El preceptor Pangloss, oráculo de la casa, daba sus clases y el pequeño Cándido lo escuchaba con una buena fe acorde con su edad y carácter. (...) “Está demostrado, decía, que las cosas no pueden suceder de otro modo; porque estando todo hecho para un fin, todo lleva necesariamente hacia el fin mejor. Notad bien que las narices han sido hechas para llevar gafas; luego usamos gafas. Las piernas están visiblemente instituidas para ser calzadas y por eso llevamos calzas. (...) Para terminar, aquellos que dijeron que todo está bien, se equivocaron; debían haber dicho que todo es perfecto””
El personaje de Voltaire no desentonaría mucho en la armoniosa España de ZP. Si hace trece años, el modelno creía que con González habíamos alcanzado la perfección romana del Estado y del Derecho, en la actualidad el neopanglossiano está seguro de que nos gobierna la élite cultural e intelectual de la sociedad. Se informa de la actualidad con María Teresa Campos y atiende con interés los análisis de Enric Sopena. Confía en el talante de los gobernantes y en su capacidad de diálogo para sobreponerse a cualquier adversidad y cree que cuando éstos proponen una ley en defensa del internauta lo que pretenden efectivamente es defender al internauta. Admira a Bibiana Aído y no teme a la crisis-financiera-causada-por-el-neoliberalismo porque ha leído en el blog de Escolar que ZP tiene las claves para refundar el capitalismo en Washington. Tiene una fe ciega en la clase dirigente y no duda que Apel.les Carod se gana su sueldo en la embajada catalana en París, ni que el C.A.C. reparte las licencias radiofónicas en base a criterios exclusivamente técnicos. Paga sus impuestos sin rechistar y cree que el pegote de Barceló en Ginebra es Arte.
El personaje de Voltaire no desentonaría mucho en la armoniosa España de ZP. Si hace trece años, el modelno creía que con González habíamos alcanzado la perfección romana del Estado y del Derecho, en la actualidad el neopanglossiano está seguro de que nos gobierna la élite cultural e intelectual de la sociedad. Se informa de la actualidad con María Teresa Campos y atiende con interés los análisis de Enric Sopena. Confía en el talante de los gobernantes y en su capacidad de diálogo para sobreponerse a cualquier adversidad y cree que cuando éstos proponen una ley en defensa del internauta lo que pretenden efectivamente es defender al internauta. Admira a Bibiana Aído y no teme a la crisis-financiera-causada-por-el-neoliberalismo porque ha leído en el blog de Escolar que ZP tiene las claves para refundar el capitalismo en Washington. Tiene una fe ciega en la clase dirigente y no duda que Apel.les Carod se gana su sueldo en la embajada catalana en París, ni que el C.A.C. reparte las licencias radiofónicas en base a criterios exclusivamente técnicos. Paga sus impuestos sin rechistar y cree que el pegote de Barceló en Ginebra es Arte.
domingo, 9 de noviembre de 2008
La movilidad social en EE.UU.
Está muy extendida la idea de que la movilidad social es muy pequeña, que los pobres y los ricos lo son para siempre, y se dice que esta situación justifica el intervencionismo económico. Esto es así en las economías muy rígidas, donde los grupos que se benefician de los privilegios concedidos por la administración, en forma a veces de limitaciones a la entrada de competidores en determinados mercados, presionan para mantener el statu quo. No es de extrañar por tanto, que magnates como Carlos Slim, apoyen a ultrapopulistas como López Obrador. En las economías más flexibles, sin embargo, donde prevalecen las empresas que mejor se adaptan a los cambios y que mejor satisfacen al consumidor en un entorno competitivo, y no aquellas que gozan de un trato de favor por parte del poder político, la cosa es diferente. Lo explica Johan Norberg en su libro En Defensa del Capitalismo Global:
"En una economía dinámica de mercado existe la movilidad social. Aquellos que son pobres hoy no tienen necesariamente que serlo mañana. En la ausencia de privilegios inamovibles e impuestos gravosos, las posibilidades de mejorar el propio nivel de vida mediante el esfuerzo personal, la educación y el ahorro son muy elevadas. El 80% de los millonarios americanos han amasado personalmente su fortuna, es decir, su patrimonio no es heredado.
Ciertamente el 20% de la población de menos recursos en una economía capitalista como la estadounidense sólo gana el 3,6% del PNB del país, una proporción que no parece ampliarse. Pero al estudiar de esta manera estática las desigualdades de renta, olvidamos fácilmente que existe una movilidad continua dentro de los diversos grupos, y que dicha movilidad es ascendente. En parte porque los salarios aumentan con la cualificación y los años de ejercicio profesional. Sólo el 5,1% de los estadounidenses que pertenecían en 1975 al 20% más pobre de la población seguía haciéndolo en 1991. Casi un 30% de ellos había logrado posicionarse durante ese periodo entre el 20% más rico y, en total, un 60% se había colocado entre el 40% más próspero del país. El sector de la población que en 1975 pertenecía al 20% más pobre había incrementado en 1991 sus ingresos anuales ( que en 1997 se situaba en el equivalente a 1.263 dólares ) nada menos que 27.745 dólares, lo cual supone un aumento en términos absolutos de más de seis veces el logrado por el 20% más opulento.
(...)Sólo un 4% de la población estadounidense es considerada como pobre de larga duración ( más de dos años ). Simultáneamente, al segmento del 20% más deprimido se incorporan nuevos individuos, principalmente estudiantes e inmigrantes sin recursos, que podrán subir rápidamente en la escala de la prosperidad. "
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"En una economía dinámica de mercado existe la movilidad social. Aquellos que son pobres hoy no tienen necesariamente que serlo mañana. En la ausencia de privilegios inamovibles e impuestos gravosos, las posibilidades de mejorar el propio nivel de vida mediante el esfuerzo personal, la educación y el ahorro son muy elevadas. El 80% de los millonarios americanos han amasado personalmente su fortuna, es decir, su patrimonio no es heredado.
Ciertamente el 20% de la población de menos recursos en una economía capitalista como la estadounidense sólo gana el 3,6% del PNB del país, una proporción que no parece ampliarse. Pero al estudiar de esta manera estática las desigualdades de renta, olvidamos fácilmente que existe una movilidad continua dentro de los diversos grupos, y que dicha movilidad es ascendente. En parte porque los salarios aumentan con la cualificación y los años de ejercicio profesional. Sólo el 5,1% de los estadounidenses que pertenecían en 1975 al 20% más pobre de la población seguía haciéndolo en 1991. Casi un 30% de ellos había logrado posicionarse durante ese periodo entre el 20% más rico y, en total, un 60% se había colocado entre el 40% más próspero del país. El sector de la población que en 1975 pertenecía al 20% más pobre había incrementado en 1991 sus ingresos anuales ( que en 1997 se situaba en el equivalente a 1.263 dólares ) nada menos que 27.745 dólares, lo cual supone un aumento en términos absolutos de más de seis veces el logrado por el 20% más opulento.
(...)Sólo un 4% de la población estadounidense es considerada como pobre de larga duración ( más de dos años ). Simultáneamente, al segmento del 20% más deprimido se incorporan nuevos individuos, principalmente estudiantes e inmigrantes sin recursos, que podrán subir rápidamente en la escala de la prosperidad. "
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miércoles, 22 de octubre de 2008
Austrofobia, constructivismos y utopismos
El Neoconomicón es un blog riguroso y de calidad, sobre todo en el tratamiento de temas filosóficos e históricos. Me sorprende, sin embargo, que su autor tenga esta percepción del pensamiento miseano:
"Nairu, la humanidad no se ahorraría padecimientos salvo que viviésemos en alguna utopía, y perseguir la utopía ha sido causa de padecimientos bastante gordos. O, como escribió Hölderlin, cada vez que el hombre ha tratado de hacer del mundo su paraíso, lo ha convertido en el infierno. Eso vale para Marx, pero también para Mises y para cualquiera que hable como un iluminado y pretenda abolir el a posteriori. Si hay que rescatar algo del liberalismo, será el empirismo y el espíritu escéptico, no la doctrinaza a machamartillo. O sea, que todos estos iluminados y visionarios, a la mierda".
Yo le he contestado que los que hicieron tanto daño en pos de esas utopías fueron los racionalistas constructivistas contra los que tanto batallaron Mises y Hayek. Que el liberalismo de éstos es todo lo contrario del utopismo constructivista. Que utopismo es creer que la acción estatal puede abolir la herencia sin consecuencias dramáticas, o que se pueden bajar los precios por decreto sin provocar escasez, o que los salarios pueden evolucionar independientemente de la productividad sin que aumente el paro. O en definitiva, esa pretensión arrogante según la cual, el hombre puede moldear a su gusto la realidad circundante. La doctrina de Mises y de Hayek, es todo lo contrario de la búsqueda utópica de paraísos. Es el reconocimiento de los límites de la ación política. Es el realismo frente al utopismo constructivista, por eso me indigna que las entradas sobre pensamiento austriaco en este blog vayan siempre acompañadas de etiquetas como "ingenuidad crónica", "ingenuidad sin límites" etc.
Lo que decía exactamente Hölderlin, conviene recordar, es lo siguiente: "Lo que ha hecho siempre del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha intentado hacer de él su paraíso."
Sobre este tema, me parece muy conveniente recordar estas palabras que escribió Huerta de Soto para el prólogo de La Fatal Arrogancia ( F. Hayek):
"La gran aportación de Hayek consiste, básicamente, en haber puesto de manifiesto que la idea original de Ludwig von Mises en torno a la imposibilidad del cálculo económico socialista no es sino un caso particular del principio más general de la imposibilidad lógica del "racionalismo constructivista o cartesiano", que se basa en el espejismo de considerar que el poder de la razón humana es muy superior al que realmente tiene, y que cae, por tanto, en la fatal arrogancia "cientista" que consiste en creer que no existen límites en cuanto al desarrollo futuro de las aplicaciones de técnica o ingeniería social.
(...) Organizar la sociedad desde arriba , basándose en órdenes, mandatos coactivos y prohibiciones es teóricamente imposible, al impedirse la libre creación y transmisión del enorme volumen de información práctica que exige una economía moderna y que no puede ser siquiera intuido por el órgano central de planificación. (...) De hecho, todas las tragedias de la humanidad de los últimos cien años que no se han debido a causas naturales (...) han tenido su origen directo o indirecto en el deseo, muchas veces bienintencionado, de llevar a la práctica la utopía socialista."
En Derecho, Legislación y Libertad, Hayek explica esta idea con una claridad insuperable:
" El error característico de los racionalistas constructivistas a este respecto estriba en que intentan basar sus argumentos en lo que se ha denominado la ilusión sinóptica, es decir, en la ficción de que todos los hechos relevantes son conocidos por alguna mente, y de que es posible construir a partir de este conocimiento de los particulares un orden social deseable. A veces la ilusión se expresa con un toque de conmovedora ingenuidad en los entusiastas de una sociedad deliberadamente planificada, como cuando alguno de ellos sueña con el desarrollo del “arte del pensar simultáneo: la capacidad de abordar a un tiempo una multitud de fenómenos interrelacionados, y de integrar en un solo esquema los atributos tanto cuantitativos como cualitativos de estos fenómenos”(Lewis Mumford). Tales sujetos parecen ignorar completamente que este sueño esquiva el problema central que plantea cualquier esfuerzo por comprender o conformar el orden de la sociedad: nuestra incapacidad para reunir como conjunto abarcable todos los datos que integran el orden social. Todos aquellos que están fascinados por los bellos planes que resultan de tal planteamiento porque son “tan ordenados, tan visibles y tan fácilmente comprensibles”(Jane Jacobs), son víctimas de la ilusión sinóptica y desconocen que estos planes deben su aparente claridad al hecho de que el planificador deja a un lado todos los hechos que desconoce”…
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"Nairu, la humanidad no se ahorraría padecimientos salvo que viviésemos en alguna utopía, y perseguir la utopía ha sido causa de padecimientos bastante gordos. O, como escribió Hölderlin, cada vez que el hombre ha tratado de hacer del mundo su paraíso, lo ha convertido en el infierno. Eso vale para Marx, pero también para Mises y para cualquiera que hable como un iluminado y pretenda abolir el a posteriori. Si hay que rescatar algo del liberalismo, será el empirismo y el espíritu escéptico, no la doctrinaza a machamartillo. O sea, que todos estos iluminados y visionarios, a la mierda".
Yo le he contestado que los que hicieron tanto daño en pos de esas utopías fueron los racionalistas constructivistas contra los que tanto batallaron Mises y Hayek. Que el liberalismo de éstos es todo lo contrario del utopismo constructivista. Que utopismo es creer que la acción estatal puede abolir la herencia sin consecuencias dramáticas, o que se pueden bajar los precios por decreto sin provocar escasez, o que los salarios pueden evolucionar independientemente de la productividad sin que aumente el paro. O en definitiva, esa pretensión arrogante según la cual, el hombre puede moldear a su gusto la realidad circundante. La doctrina de Mises y de Hayek, es todo lo contrario de la búsqueda utópica de paraísos. Es el reconocimiento de los límites de la ación política. Es el realismo frente al utopismo constructivista, por eso me indigna que las entradas sobre pensamiento austriaco en este blog vayan siempre acompañadas de etiquetas como "ingenuidad crónica", "ingenuidad sin límites" etc.
Lo que decía exactamente Hölderlin, conviene recordar, es lo siguiente: "Lo que ha hecho siempre del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha intentado hacer de él su paraíso."
Sobre este tema, me parece muy conveniente recordar estas palabras que escribió Huerta de Soto para el prólogo de La Fatal Arrogancia ( F. Hayek):
"La gran aportación de Hayek consiste, básicamente, en haber puesto de manifiesto que la idea original de Ludwig von Mises en torno a la imposibilidad del cálculo económico socialista no es sino un caso particular del principio más general de la imposibilidad lógica del "racionalismo constructivista o cartesiano", que se basa en el espejismo de considerar que el poder de la razón humana es muy superior al que realmente tiene, y que cae, por tanto, en la fatal arrogancia "cientista" que consiste en creer que no existen límites en cuanto al desarrollo futuro de las aplicaciones de técnica o ingeniería social.
(...) Organizar la sociedad desde arriba , basándose en órdenes, mandatos coactivos y prohibiciones es teóricamente imposible, al impedirse la libre creación y transmisión del enorme volumen de información práctica que exige una economía moderna y que no puede ser siquiera intuido por el órgano central de planificación. (...) De hecho, todas las tragedias de la humanidad de los últimos cien años que no se han debido a causas naturales (...) han tenido su origen directo o indirecto en el deseo, muchas veces bienintencionado, de llevar a la práctica la utopía socialista."
En Derecho, Legislación y Libertad, Hayek explica esta idea con una claridad insuperable:
" El error característico de los racionalistas constructivistas a este respecto estriba en que intentan basar sus argumentos en lo que se ha denominado la ilusión sinóptica, es decir, en la ficción de que todos los hechos relevantes son conocidos por alguna mente, y de que es posible construir a partir de este conocimiento de los particulares un orden social deseable. A veces la ilusión se expresa con un toque de conmovedora ingenuidad en los entusiastas de una sociedad deliberadamente planificada, como cuando alguno de ellos sueña con el desarrollo del “arte del pensar simultáneo: la capacidad de abordar a un tiempo una multitud de fenómenos interrelacionados, y de integrar en un solo esquema los atributos tanto cuantitativos como cualitativos de estos fenómenos”(Lewis Mumford). Tales sujetos parecen ignorar completamente que este sueño esquiva el problema central que plantea cualquier esfuerzo por comprender o conformar el orden de la sociedad: nuestra incapacidad para reunir como conjunto abarcable todos los datos que integran el orden social. Todos aquellos que están fascinados por los bellos planes que resultan de tal planteamiento porque son “tan ordenados, tan visibles y tan fácilmente comprensibles”(Jane Jacobs), son víctimas de la ilusión sinóptica y desconocen que estos planes deben su aparente claridad al hecho de que el planificador deja a un lado todos los hechos que desconoce”…
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sábado, 27 de septiembre de 2008
Crisis: Teoría y hechos
Ante una crisis como la actual es normal que todo aquel que confiaba en un modelo económico valore si los hechos acaecidos se ajustan o no a ese modelo teórico. Así por ejemplo, hay a gente como Raimon Obiols, quien dirigió el PSC hasta 1996, que reconocen humildemente, que el modelo en que hasta ahora creían, la socialdemocracia, no ofrece respuestas a la actual crisis. También hay gente, como el arzobispo de Canterbury, aquél que bendecía la implantación de la Sharia en el Reino Unido, que cree que los hechos vienen a darle la razón a Marx y que asistimos al principio del fin del capitalismo. Interpretaciones parecidas a ésta última tienen mucha repercusión en los grandes medios de comunicación, cosa por otra parte, fácilmente predecible.
Lo que no tiene tanta repercusión es la interpretación de los seguidores de Mises, a pesar de haber vaticinado el hundimiento del mercado inmobiliario y el descalabro del sistema financiero hace más de un año, cuando aún prevalecía el optimismo entre los inversores. Recordemos que el IBEX alcanzó su máximo histórico el pasado mes de noviembre.
Mises defendía que las depresiones eran consecuencia de las políticas de expansión crediticia patrocinadas por los gobiernos pensadas para rebajar los tipos de interés del mercado. Y lo que hemos tenido en España, más que una expansión habría que llamarlo auténtico desparrame crediticio: entre 2001 y 2007 la actividad crediticia creció cada año un 25%, algo que no ha ocurrido en ningún otro lugar del mundo, ni siquiera en China. Para hacerse una idea de lo que significa crecer anualmente al 25%, consideremos que tenemos una deuda de 3.000 euros. Si crece a ese ritmo, al sexto año la deuda ascenderá a 11.444€ y al décimo a 27.940. O sea, es un ritmo insostenible a medio plazo. Y ocurre que en España, donde el crédito crecía a ese ritmo gracias al ahorro extranjero, ahora las fuentes de financiación están cerradas a cal y canto. Teniendo en cuenta que además hay en este país tal cantidad de viviendas sin vender que se necesatarían cuatro años para venderlas todas al ritmo actual de ventas, no hacía falta ser un adivino para anunciar un frenazo en seco de la construcción, lo que se traduce inevitablemente en un importante aumento del desempleo, que además será muy difícil de revertir en las condiciones actuales. Mises defendía también que esas políticas expansivas del crédito creaban malas inversiones a gran escala, que privaban de capital líquido al sistema económico y llevaban a contracciones del crédito y de ahí las depresiones. Y vemos cómo ése es precisamente el panorama actual en España donde la fiebre inmobiliaria hizo que el precio del metro cuadrado superase los 6.000€ en nueve ciudades en 2.006, y que fuese más barato comprar un piso en el centro de París que en la playa de Castelldefels. Y los bajos tipos de interés han provocado aquí también escasez de liquidez en las entidades bancarias. Los defensores de estas políticas parecen creer que se pueden bajar los tipos sin que descienda el ahorro, tal vez porque crean que los que ahorran no tienen otra alternativa para su dinero que depositarlo en los bancos.
Ludwig von Mises era además un destacado defensor del patrón oro que , según creía, haría imposible tanto la inflación como la deflación, pero este asunto no lo trataremos aquí sin antes haberlo estudiado en profundidad.
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Lo que no tiene tanta repercusión es la interpretación de los seguidores de Mises, a pesar de haber vaticinado el hundimiento del mercado inmobiliario y el descalabro del sistema financiero hace más de un año, cuando aún prevalecía el optimismo entre los inversores. Recordemos que el IBEX alcanzó su máximo histórico el pasado mes de noviembre.
Mises defendía que las depresiones eran consecuencia de las políticas de expansión crediticia patrocinadas por los gobiernos pensadas para rebajar los tipos de interés del mercado. Y lo que hemos tenido en España, más que una expansión habría que llamarlo auténtico desparrame crediticio: entre 2001 y 2007 la actividad crediticia creció cada año un 25%, algo que no ha ocurrido en ningún otro lugar del mundo, ni siquiera en China. Para hacerse una idea de lo que significa crecer anualmente al 25%, consideremos que tenemos una deuda de 3.000 euros. Si crece a ese ritmo, al sexto año la deuda ascenderá a 11.444€ y al décimo a 27.940. O sea, es un ritmo insostenible a medio plazo. Y ocurre que en España, donde el crédito crecía a ese ritmo gracias al ahorro extranjero, ahora las fuentes de financiación están cerradas a cal y canto. Teniendo en cuenta que además hay en este país tal cantidad de viviendas sin vender que se necesatarían cuatro años para venderlas todas al ritmo actual de ventas, no hacía falta ser un adivino para anunciar un frenazo en seco de la construcción, lo que se traduce inevitablemente en un importante aumento del desempleo, que además será muy difícil de revertir en las condiciones actuales. Mises defendía también que esas políticas expansivas del crédito creaban malas inversiones a gran escala, que privaban de capital líquido al sistema económico y llevaban a contracciones del crédito y de ahí las depresiones. Y vemos cómo ése es precisamente el panorama actual en España donde la fiebre inmobiliaria hizo que el precio del metro cuadrado superase los 6.000€ en nueve ciudades en 2.006, y que fuese más barato comprar un piso en el centro de París que en la playa de Castelldefels. Y los bajos tipos de interés han provocado aquí también escasez de liquidez en las entidades bancarias. Los defensores de estas políticas parecen creer que se pueden bajar los tipos sin que descienda el ahorro, tal vez porque crean que los que ahorran no tienen otra alternativa para su dinero que depositarlo en los bancos.
Ludwig von Mises era además un destacado defensor del patrón oro que , según creía, haría imposible tanto la inflación como la deflación, pero este asunto no lo trataremos aquí sin antes haberlo estudiado en profundidad.
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jueves, 25 de septiembre de 2008
Los fundamentos de la prosperidad I: la producción
La pobreza, cuenta el columnista Jonah Goldberg," es la condición normal de la humanidad. Es una condición que viene preestablecida de fábrica para nosotros los mortales. Como individuos y como especie, nacemos desnudos y sin un céntimo, privados de habilidades y posesiones. Del mismo modo, en la infancia de la civilización el hombre era pobre, en todos los sentidos. Vivía en la ignorancia, la suciedad, el hambre y el dolor, moría muy joven ya sea por enfermedades o por la violencia. La pregunta interesante no es "¿Por qué hay pobreza?" sino "¿Por qué hay riqueza?". Y esa es la pregunta que trataremos de responder.
La pobreza es lo natural. Lo articial, la riqueza. Ésta es por tanto, consecuencia de la acción humana. Se debe a personas que se esfuerzan por satisfacer las demandas de los demás, que aportan nuevos planteamientos y trabajan con afán por hacer realidad sus ideas. Pero esto ocurre en todos los países. La diferencia es que en algunos sitios existe un entorno que permite y estimula las ideas y el esfuerzo y en otros se ponen más obstáculos a la producción, al ahorro y al libre intercambio, que son precisamente, los fundamentos de la prosperidad:
La producción
Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Puede parecer evidente, pero sin embargo, se siguen reclamando políticas restrictivas de la producción como reducir forzosamente la jornada laboral a 35 horas o restringir la oferta de suelo edificable. Frente a tan equivocadas propuestas, debemos reiterar una y otra vez que el bienestar y la prosperidad son consecuencia de la producción, no de la restricción. El nivel de riqueza depende del empleo dado a unos siempre escasos factores de producción. Cuando tal utilización se restringe, no aumenta sino que disminuye el nivel de bienes disponibles. Existen infinidad de combinaciones posibles para utilizar esos limitados factores de producción. Según se combinen, el resultado será uno u otro; la plena producción o una producción de menor valor. Hay que recordar que entre una buena solución y la solución óptima, puede haber muchísimo dinero de diferencia. Para una cantidad limitada, por ejemplo, de madera, hay infinidad de combinaciones posibles para utilizarla en el proceso productivo: 10% para lápices, 20% para sillas del tipo A, 35% para mesas del tipo B etc. Cuando se tiene que decidir con precisión sobre la totalidad de los factores productivos nos enfrentamos a un problema enormemente complicado que únicamente el vilipendiado mecanismo de los precios libres es capaz de resolver. Así lo explica la teoría económica de Mises , avalada por una abrumadora evidencia empírica:
"Toda injerencia estatal en la actividad mercantil, desde luego, desvía la producción del curso que habría seguido presionada tan sólo por los consumidores a través del mercado.(...) La interferencia impide a los individuos utilizar sus conocimientos y sus habilidades, su capacidad de trabajo y los factores materiales de producción del modo que le reportarían los máximos beneficios y las más cumplidas satisfacciones. Esta injerencia, por tanto, empobrece a la gente cuyas apetencias quedan sólo en menor grado satisfechas. ( ...) Como quiera que en el mercado inadulterado prevalece una tendencia irresistible a emplear cada factor de producción de la manera que mejor satisfaga las más urgentes necesidades del consumo, si el gobierno interfiere el proceso no logra otra cosa que desvirtuar esa tendencia".
El mecanismo de los precios libres acomoda día a día las variaciones constantes entre los elementos que intervienen en la fijación de precios. Millones de individuos influyen diariamente sobre ellos según lo que demanden y lo que ofrezcan. Ningún gobernante por sabio y ecuánime que sea, es capaz de encontrar una alternativa que satisfaga mejor las necesidades de esos millones de individuos que la que consiguen ellos mismos interactuando libremente. Por eso los países que han confiado en una producción centralmente planificada no han podido, ni remotamente, conseguir una producción que satisfaga las necesidades de sus consumidores mejor de lo que han podido hacerlo los que han confiado en el mercado. Por eso la riqueza es mayor allí donde menos se han aplicado políticas restrictivas de la producción.
En las siguientes entregas se analiza el papel del ahorro y del libre intercambio como fundamentos de la prosperidad.
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La pobreza es lo natural. Lo articial, la riqueza. Ésta es por tanto, consecuencia de la acción humana. Se debe a personas que se esfuerzan por satisfacer las demandas de los demás, que aportan nuevos planteamientos y trabajan con afán por hacer realidad sus ideas. Pero esto ocurre en todos los países. La diferencia es que en algunos sitios existe un entorno que permite y estimula las ideas y el esfuerzo y en otros se ponen más obstáculos a la producción, al ahorro y al libre intercambio, que son precisamente, los fundamentos de la prosperidad:
La producción
Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Puede parecer evidente, pero sin embargo, se siguen reclamando políticas restrictivas de la producción como reducir forzosamente la jornada laboral a 35 horas o restringir la oferta de suelo edificable. Frente a tan equivocadas propuestas, debemos reiterar una y otra vez que el bienestar y la prosperidad son consecuencia de la producción, no de la restricción. El nivel de riqueza depende del empleo dado a unos siempre escasos factores de producción. Cuando tal utilización se restringe, no aumenta sino que disminuye el nivel de bienes disponibles. Existen infinidad de combinaciones posibles para utilizar esos limitados factores de producción. Según se combinen, el resultado será uno u otro; la plena producción o una producción de menor valor. Hay que recordar que entre una buena solución y la solución óptima, puede haber muchísimo dinero de diferencia. Para una cantidad limitada, por ejemplo, de madera, hay infinidad de combinaciones posibles para utilizarla en el proceso productivo: 10% para lápices, 20% para sillas del tipo A, 35% para mesas del tipo B etc. Cuando se tiene que decidir con precisión sobre la totalidad de los factores productivos nos enfrentamos a un problema enormemente complicado que únicamente el vilipendiado mecanismo de los precios libres es capaz de resolver. Así lo explica la teoría económica de Mises , avalada por una abrumadora evidencia empírica:
"Toda injerencia estatal en la actividad mercantil, desde luego, desvía la producción del curso que habría seguido presionada tan sólo por los consumidores a través del mercado.(...) La interferencia impide a los individuos utilizar sus conocimientos y sus habilidades, su capacidad de trabajo y los factores materiales de producción del modo que le reportarían los máximos beneficios y las más cumplidas satisfacciones. Esta injerencia, por tanto, empobrece a la gente cuyas apetencias quedan sólo en menor grado satisfechas. ( ...) Como quiera que en el mercado inadulterado prevalece una tendencia irresistible a emplear cada factor de producción de la manera que mejor satisfaga las más urgentes necesidades del consumo, si el gobierno interfiere el proceso no logra otra cosa que desvirtuar esa tendencia".
El mecanismo de los precios libres acomoda día a día las variaciones constantes entre los elementos que intervienen en la fijación de precios. Millones de individuos influyen diariamente sobre ellos según lo que demanden y lo que ofrezcan. Ningún gobernante por sabio y ecuánime que sea, es capaz de encontrar una alternativa que satisfaga mejor las necesidades de esos millones de individuos que la que consiguen ellos mismos interactuando libremente. Por eso los países que han confiado en una producción centralmente planificada no han podido, ni remotamente, conseguir una producción que satisfaga las necesidades de sus consumidores mejor de lo que han podido hacerlo los que han confiado en el mercado. Por eso la riqueza es mayor allí donde menos se han aplicado políticas restrictivas de la producción.
En las siguientes entregas se analiza el papel del ahorro y del libre intercambio como fundamentos de la prosperidad.
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sábado, 9 de agosto de 2008
El blog de J. C. Navarro es un fraude
Recuerdo perfectamente que en las olimpiadas de Sidney me pasé el partido decisivo contra Australia maldiciendo a Lolo Sainz por no darle más minutos a Juan Carlos Navarro, que era quien, pensaba yo, podía revolucionar el juego español con su infinidad de recursos ofensivos.
En los juegos de Atenas también estuvo. Recordará todo el mundo cómo después de quedar primeros de grupo ganando todos los partidos quedamos eliminados al perder el cruce de cuartos contra EE.UU.
Descubro esta mañana que en la página de RTVE han abierto un blog de Juan Carlos Navarro. "La "Bomba" nos lo cuenta desde Pekín", dicen. Y esto es lo que supuestamente escribe Navarro desde Pekín: "Estos son mis segundos Juegos y tengo que reconocer que queremos quitarnos la espinita que se nos quedó clavada en los de Atenas".
Lógicamente a Juan Carlos no puede habérsele olvidado que viajó hasta Sidney y que estuvo allí compitiendo dos semanas. O sea, que el blog no sólo no lo escribe Navarro, sino que éste ni siquiera se lee lo que escribe el negro que han fichado, que además no tiene ni puñetera idea del tema del que tiene que hablar ni se molesta en absoluto en documentarse mínimamente.
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En los juegos de Atenas también estuvo. Recordará todo el mundo cómo después de quedar primeros de grupo ganando todos los partidos quedamos eliminados al perder el cruce de cuartos contra EE.UU.
Descubro esta mañana que en la página de RTVE han abierto un blog de Juan Carlos Navarro. "La "Bomba" nos lo cuenta desde Pekín", dicen. Y esto es lo que supuestamente escribe Navarro desde Pekín: "Estos son mis segundos Juegos y tengo que reconocer que queremos quitarnos la espinita que se nos quedó clavada en los de Atenas".
Lógicamente a Juan Carlos no puede habérsele olvidado que viajó hasta Sidney y que estuvo allí compitiendo dos semanas. O sea, que el blog no sólo no lo escribe Navarro, sino que éste ni siquiera se lee lo que escribe el negro que han fichado, que además no tiene ni puñetera idea del tema del que tiene que hablar ni se molesta en absoluto en documentarse mínimamente.
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viernes, 1 de agosto de 2008
Un largo periodo de sombras
Ahora que nadie discute que 2008 y 2009 van a ser dos años muy complicados para la economía española, quizá sea el momento de preguntarse cuánto durará la crisis. Conocemos las respuestas de Lorenzo Bernaldo de Quirós, Roberto Centeno, Santiago Niño, Jesús Cacho, Pedro Solbes y Emilio Botín.
Los más optimistas son el ministro de economía y el banquero. Para Botín la crisis de la economía española pasará pronto, igual que ocurre cuando un niño tiene fiebre "que llega de golpe y es alta, pero desaparece pronto". Tan pronto que Pedro Solbes cree que en 2010 se habrá acabado la crisis y el PIB volverá a crecer al 3%.
Jesús Cacho, por el contrario, opina que "será muy difícil, por no decir imposible, recuperar tasas de crecimiento económico apreciable en 2010". Y que " la posibilidad de instalarnos durante mucho tiempo en una dinámica a la “portuguesa”, esto es, consolidar un escenario de estancamiento con bajo crecimiento, alta inflación y elevado desempleo, es algo más que una mera especulación". Una conclusión muy similar a la que saca el académico del Cato, Bernaldo de Quirós: "La crisis que viene será larga y profunda. La acumulación de desequilibrios públicos y privados después de un dilatado ciclo expansivo fuerza de manera inevitable a una purga de saneamiento para eliminarlos y/o reducirlos (...) Ese inevitable proceso purificador es más duro cuanto más rígida sea la economía porque para recuperar la competitividad perdida y crecer de nuevo, el crecimiento de los precios y salarios españoles ha de ser inferior al de nuestros socios y competidores. Este es un camino lento y difícil de transitar en los estados con mercados muy intervenidos. La desinflación competitiva tardó diez años en producir efectos en Alemania sobre la base de una pérdida continuada de poder adquisitivo de los salarios. Portugal no ha sido capaz de aplicar esa dura terapia y su economía lleva estancada desde principios de siglo. Con las instituciones laborales españolas es impensable un ajuste a la baja de los salarios al estilo alemán, lo que sugiere como hipótesis más probable de materialización la situación portuguesa".
Tampoco es nada optimista el catedrático de Economía Roberto Centeno, que afirma que "la crisis no terminará en 2010 por la sencilla razón que estamos ante una recesión de carácter estructural, consecuencia del agotamiento de un modelo económico tercermundista basado en el endeudamiento masivo, el fuerte incremento de la población, y con salarios y productividad muy bajos, y para el que no tenemos alternativa. Es decir, nos encontramos ante una L, una recesión similar a la japonesa de 1992, que puede durar años. No hay ni un solo elemento en nuestra mano, ni uno solo, que permita pensar en una recuperación, ni ahora ni en un futuro previsible".
Más pesimista aún, apocalíptico cabría decir, es el catedrático de Estructura Económica Santiago Niño, que en abril de este año aseguraba que "la crisis ésta hasta 2018 no se acaba. (...) A mí me surge que a finales de 2008 el paro puede estar en el 12%; finales de 2009: entre el 22% y el 25%. (...)Terrorífico. Es que lo que viene es muy semejante a lo que sucedió en el año 29".
¿Quién creen ustedes que tiene razón? Yo, de momento, trataré de prepararme para lo que parece, será un largo periodo de sombras.
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Los más optimistas son el ministro de economía y el banquero. Para Botín la crisis de la economía española pasará pronto, igual que ocurre cuando un niño tiene fiebre "que llega de golpe y es alta, pero desaparece pronto". Tan pronto que Pedro Solbes cree que en 2010 se habrá acabado la crisis y el PIB volverá a crecer al 3%.
Jesús Cacho, por el contrario, opina que "será muy difícil, por no decir imposible, recuperar tasas de crecimiento económico apreciable en 2010". Y que " la posibilidad de instalarnos durante mucho tiempo en una dinámica a la “portuguesa”, esto es, consolidar un escenario de estancamiento con bajo crecimiento, alta inflación y elevado desempleo, es algo más que una mera especulación". Una conclusión muy similar a la que saca el académico del Cato, Bernaldo de Quirós: "La crisis que viene será larga y profunda. La acumulación de desequilibrios públicos y privados después de un dilatado ciclo expansivo fuerza de manera inevitable a una purga de saneamiento para eliminarlos y/o reducirlos (...) Ese inevitable proceso purificador es más duro cuanto más rígida sea la economía porque para recuperar la competitividad perdida y crecer de nuevo, el crecimiento de los precios y salarios españoles ha de ser inferior al de nuestros socios y competidores. Este es un camino lento y difícil de transitar en los estados con mercados muy intervenidos. La desinflación competitiva tardó diez años en producir efectos en Alemania sobre la base de una pérdida continuada de poder adquisitivo de los salarios. Portugal no ha sido capaz de aplicar esa dura terapia y su economía lleva estancada desde principios de siglo. Con las instituciones laborales españolas es impensable un ajuste a la baja de los salarios al estilo alemán, lo que sugiere como hipótesis más probable de materialización la situación portuguesa".
Tampoco es nada optimista el catedrático de Economía Roberto Centeno, que afirma que "la crisis no terminará en 2010 por la sencilla razón que estamos ante una recesión de carácter estructural, consecuencia del agotamiento de un modelo económico tercermundista basado en el endeudamiento masivo, el fuerte incremento de la población, y con salarios y productividad muy bajos, y para el que no tenemos alternativa. Es decir, nos encontramos ante una L, una recesión similar a la japonesa de 1992, que puede durar años. No hay ni un solo elemento en nuestra mano, ni uno solo, que permita pensar en una recuperación, ni ahora ni en un futuro previsible".
Más pesimista aún, apocalíptico cabría decir, es el catedrático de Estructura Económica Santiago Niño, que en abril de este año aseguraba que "la crisis ésta hasta 2018 no se acaba. (...) A mí me surge que a finales de 2008 el paro puede estar en el 12%; finales de 2009: entre el 22% y el 25%. (...)Terrorífico. Es que lo que viene es muy semejante a lo que sucedió en el año 29".
¿Quién creen ustedes que tiene razón? Yo, de momento, trataré de prepararme para lo que parece, será un largo periodo de sombras.
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coyuntura económica e inversiones
miércoles, 16 de julio de 2008
Los catastrofistas tenían razón
Hace diez meses jugábamos la Champions League de las economías mundiales, y ahora, en palabras de Solbes, estamos en la crisis más compleja que se ha vivido.
Merece la pena recordar lo que nos decían hace solamente unos meses sobre nuestra envidiable economía:
Estamos en el mejor año económico de la etapa democrática.
José Luis Rodríguez Zapatero, 16 de mayo 2007.
Las cifras actuales de la economía son buenas pero las perspectivas son aún mejores. Algunos están agitando la incertidumbre y las crisis infundadas.
Mª Teresa Fernández de la Vega, 31 de agosto de 2007.
España juega en la Champions League de las economías mundiales(...) Es la que más partidos gana, la que más goles ha metido, y la menos goleada.
José Luis Rodríguez Zapatero, 11 de septiembre de 2007.
España puede afrontar estos momentos con una gran tranquilidad. Nada sería peor que adoptar medidas de choque.
Pedro Solbes, 10 de noviembre de 2007.
Pasados unos meses, no es posible seguir ocultando la verdad y salta a la vista que los agoreros, antipatriotas y catastrofistas que se inventaban crisis y alertaban sobre las dificultades que se cernían sobre nuestros bolsillos, tenían razón. Pedro Solbes lo ha reconocido hoy mismo:
[esta crisis económica] es posiblemente la más compleja que nunca hemos vivido.
Algunos datos, por si alguien, cree que Solbes exagera:
En un trimestre se han destruido más de trescientos mil puestos de trabajo.
El superávit presupuestario, se ha reducido a la mitad en los tres primeros meses del año.
En mayo, el IPC escaló hasta el 5,1 por 100, la peor cifra desde el ingreso de España en el euro.
La bolsa vivió la pasada semana el mayor desplome desde la creación del IBEX 35, y en lo que va de año los inversores han visto volatizarse casi un 30 por 100 de su riqueza.
Fadesa ha anunciado hace unos días, la mayor suspensión de pagos de la historia de España
Nuestro déficit exterior es el peor del mundo desarrollado y representa el 12,1% de nuestro PIB. Si España no estuviese en la unión monetaria, podría estimular las exportaciones devaluando la peseta y combatir la inflación con una política monetaria restrictiva. Ahora, eso no es posible .
Pero, lo peor de todo, nos tememos que está aún por llegar. A la luz de todos estos datos, veo que mi reciente artículo sobre el precio de los acciones españolas era demasiado optimista, y recomiendo más paciencia y prudencia.
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Merece la pena recordar lo que nos decían hace solamente unos meses sobre nuestra envidiable economía:
Estamos en el mejor año económico de la etapa democrática.
José Luis Rodríguez Zapatero, 16 de mayo 2007.
Las cifras actuales de la economía son buenas pero las perspectivas son aún mejores. Algunos están agitando la incertidumbre y las crisis infundadas.
Mª Teresa Fernández de la Vega, 31 de agosto de 2007.
España juega en la Champions League de las economías mundiales(...) Es la que más partidos gana, la que más goles ha metido, y la menos goleada.
José Luis Rodríguez Zapatero, 11 de septiembre de 2007.
España puede afrontar estos momentos con una gran tranquilidad. Nada sería peor que adoptar medidas de choque.
Pedro Solbes, 10 de noviembre de 2007.
Pasados unos meses, no es posible seguir ocultando la verdad y salta a la vista que los agoreros, antipatriotas y catastrofistas que se inventaban crisis y alertaban sobre las dificultades que se cernían sobre nuestros bolsillos, tenían razón. Pedro Solbes lo ha reconocido hoy mismo:
[esta crisis económica] es posiblemente la más compleja que nunca hemos vivido.
Algunos datos, por si alguien, cree que Solbes exagera:
En un trimestre se han destruido más de trescientos mil puestos de trabajo.
El superávit presupuestario, se ha reducido a la mitad en los tres primeros meses del año.
En mayo, el IPC escaló hasta el 5,1 por 100, la peor cifra desde el ingreso de España en el euro.
La bolsa vivió la pasada semana el mayor desplome desde la creación del IBEX 35, y en lo que va de año los inversores han visto volatizarse casi un 30 por 100 de su riqueza.
Fadesa ha anunciado hace unos días, la mayor suspensión de pagos de la historia de España
Nuestro déficit exterior es el peor del mundo desarrollado y representa el 12,1% de nuestro PIB. Si España no estuviese en la unión monetaria, podría estimular las exportaciones devaluando la peseta y combatir la inflación con una política monetaria restrictiva. Ahora, eso no es posible .
Pero, lo peor de todo, nos tememos que está aún por llegar. A la luz de todos estos datos, veo que mi reciente artículo sobre el precio de los acciones españolas era demasiado optimista, y recomiendo más paciencia y prudencia.
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domingo, 13 de julio de 2008
Indignante exhibición de ignorancia de ZP
Uno sabía que el laísmo estaba ampliamente extendido en algunas zonas de España. Lo había podido observar en los concursantes más analfabetos de Gran Hermano, en algunas series de televisión ( ¿Qué nombre la vamos a poner? ) e incluso en algún presentador televisivo ( Dala un beso ) pero lo que no se imaginaba uno es que esta lacra fuese a llegar hasta el mismísimo presidente del Gobierno. Ni siquiera de un tipo capaz de hacer ministra a Bibiana Aído me esperaba semejante exhibición de incultura y mal gusto.
Sobre las 14:30 lo he podido escuchar en directo. En la embajada española en París, a donde ha acudido para entrevistarse con Ingrid Betancourt, ha dicho primero: quiero agradecerla sus palabras... y a los pocos minutos, por si alguien ingenuamente creía que había sido un lapsus, ha vuelto a decir: quiero agradecerla que esté aquí.
Seguramente algunos lectores están tan acostumbrados al laísmo que no le darán ninguna importancia, pero a los que no lo estamos nos sienta como una patada en los oídos. En Cataluña jamás lo he oído, pero como sigan apareciendo por la tele personajes con nulo respeto por la gramática, el rigor y el buen gusto, van a conseguir extender este vicio por toda España.
Es indignante que sea el propio presidente del Gobierno el que se encargue de difundir la incultura, como si no tuviésemos bastante con los concursantes de GH y la ministra de Igualdad.
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Sobre las 14:30 lo he podido escuchar en directo. En la embajada española en París, a donde ha acudido para entrevistarse con Ingrid Betancourt, ha dicho primero: quiero agradecerla sus palabras... y a los pocos minutos, por si alguien ingenuamente creía que había sido un lapsus, ha vuelto a decir: quiero agradecerla que esté aquí.
Seguramente algunos lectores están tan acostumbrados al laísmo que no le darán ninguna importancia, pero a los que no lo estamos nos sienta como una patada en los oídos. En Cataluña jamás lo he oído, pero como sigan apareciendo por la tele personajes con nulo respeto por la gramática, el rigor y el buen gusto, van a conseguir extender este vicio por toda España.
Es indignante que sea el propio presidente del Gobierno el que se encargue de difundir la incultura, como si no tuviésemos bastante con los concursantes de GH y la ministra de Igualdad.
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