jueves, 25 de septiembre de 2008

Los fundamentos de la prosperidad I: la producción

La pobreza, cuenta el columnista Jonah Goldberg," es la condición normal de la humanidad. Es una condición que viene preestablecida de fábrica para nosotros los mortales. Como individuos y como especie, nacemos desnudos y sin un céntimo, privados de habilidades y posesiones. Del mismo modo, en la infancia de la civilización el hombre era pobre, en todos los sentidos. Vivía en la ignorancia, la suciedad, el hambre y el dolor, moría muy joven ya sea por enfermedades o por la violencia. La pregunta interesante no es "¿Por qué hay pobreza?" sino "¿Por qué hay riqueza?". Y esa es la pregunta que trataremos de responder.

La pobreza es lo natural. Lo articial, la riqueza. Ésta es por tanto, consecuencia de la acción humana. Se debe a personas que se esfuerzan por satisfacer las demandas de los demás, que aportan nuevos planteamientos y trabajan con afán por hacer realidad sus ideas. Pero esto ocurre en todos los países. La diferencia es que en algunos sitios existe un entorno que permite y estimula las ideas y el esfuerzo y en otros se ponen más obstáculos a la producción, al ahorro y al libre intercambio, que son precisamente, los fundamentos de la prosperidad:

La producción

Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Puede parecer evidente, pero sin embargo, se siguen reclamando políticas restrictivas de la producción como reducir forzosamente la jornada laboral a 35 horas o restringir la oferta de suelo edificable. Frente a tan equivocadas propuestas, debemos reiterar una y otra vez que el bienestar y la prosperidad son consecuencia de la producción, no de la restricción. El nivel de riqueza depende del empleo dado a unos siempre escasos factores de producción. Cuando tal utilización se restringe, no aumenta sino que disminuye el nivel de bienes disponibles. Existen infinidad de combinaciones posibles para utilizar esos limitados factores de producción. Según se combinen, el resultado será uno u otro; la plena producción o una producción de menor valor. Hay que recordar que entre una buena solución y la solución óptima, puede haber muchísimo dinero de diferencia. Para una cantidad limitada, por ejemplo, de madera, hay infinidad de combinaciones posibles para utilizarla en el proceso productivo: 10% para lápices, 20% para sillas del tipo A, 35% para mesas del tipo B etc. Cuando se tiene que decidir con precisión sobre la totalidad de los factores productivos nos enfrentamos a un problema enormemente complicado que únicamente el vilipendiado mecanismo de los precios libres es capaz de resolver. Así lo explica la teoría económica de Mises , avalada por una abrumadora evidencia empírica:

"Toda injerencia estatal en la actividad mercantil, desde luego, desvía la producción del curso que habría seguido presionada tan sólo por los consumidores a través del mercado.(...) La interferencia impide a los individuos utilizar sus conocimientos y sus habilidades, su capacidad de trabajo y los factores materiales de producción del modo que le reportarían los máximos beneficios y las más cumplidas satisfacciones. Esta injerencia, por tanto, empobrece a la gente cuyas apetencias quedan sólo en menor grado satisfechas. ( ...) Como quiera que en el mercado inadulterado prevalece una tendencia irresistible a emplear cada factor de producción de la manera que mejor satisfaga las más urgentes necesidades del consumo, si el gobierno interfiere el proceso no logra otra cosa que desvirtuar esa tendencia".

El mecanismo de los precios libres acomoda día a día las variaciones constantes entre los elementos que intervienen en la fijación de precios. Millones de individuos influyen diariamente sobre ellos según lo que demanden y lo que ofrezcan. Ningún gobernante por sabio y ecuánime que sea, es capaz de encontrar una alternativa que satisfaga mejor las necesidades de esos millones de individuos que la que consiguen ellos mismos interactuando libremente. Por eso los países que han confiado en una producción centralmente planificada no han podido, ni remotamente, conseguir una producción que satisfaga las necesidades de sus consumidores mejor de lo que han podido hacerlo los que han confiado en el mercado. Por eso la riqueza es mayor allí donde menos se han aplicado políticas restrictivas de la producción.

En las siguientes entregas se analiza el papel del ahorro y del libre intercambio como fundamentos de la prosperidad.

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5 comentarios:

Liberal clásico dijo...

Creo que te refieres a Johan NORBERG.

Liberal clásico dijo...

Podría ser Jonah Goldberg también. En todo caso, no Johan Goldberg.

Nairu dijo...

Perdón por la confunsión. En efecto es Jonah, no Johan. Corregido.

Alfredo dijo...

¡bueno! Iba a comentar algo sobre el texto pero haciendo una búsqueda particular encuentro con que usted es el que firma "nairu" si no me equivoco. Si es así, paso, ya que usted solo se dedica a escribir mentiras sobre mis ideas (aunque no conoce ni una sola).
Si no es ud. "nairu" lo siento...el mensaje es para "nairu" pero creo que es ud.

Un apunte, simplemente por respeto, al texto:

estoy de acuerdo en casi todo.

Citoyen dijo...

El post sobre el concepto "Fallo de mercado", "externalidad" (http://www2.gsb.columbia.edu/faculty/jstiglitz/download/papers/1991_Economic_Role_ofthe_State.pdf) o "Poder de negociación asimétrico" (en el caso de la jornada laboral http://ego-marx.blogspot.com/2006/07/poder-de-mercado-y-legislacin-laboral.html) o "cascada de información" es para qué entrega?