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lunes, 11 de marzo de 2013

Lo que necesitamos son más empresas

La teoría marxista sigue ampliamente extendida. Después de discutir muchísimo en diferentes foros con gente que rechaza el capitalismo. Llego a la conclusión de que lo hacen porque entienden que las empresas explotan siempre a los trabajadores y quieren resolverlo dando más poder al Estado y a los sindicatos. Sin entender que éstos tienen una capacidad muy limitada para luchar contra las tendencias del mercado. Quien abole un mercado libre, crea un mercado negro. Si los salarios son demasiado bajos, lo que hace falta son más empresas. Si los precios son demasiado altos, lo que hace falta son más empresas. Ellos se oponen sistemáticamente a la empresa porque la ven como un agente explotador, sin entender que la creación de empresas tiene un doble efecto positivo: bajar los precios ( más vendedores compitiendo por los mismos consumidores) y subir los salarios (más empleadores compitiendo por los mismos empleables.
Los que abogan por dar más poder al Estado y los sindicatos para que fuercen subidas salariales, mayores indemnizaciones por despido o para que regulen limitando precios, están contribuyendo a conseguir lo contrario de lo que se proponen. No ven que lo que necesitamos son más empresas.

viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Un país libre?

Esto ya no aguanta más. Es tarde ya para apaños y parches. Se requieren cambios drásticos. Demasiado ha durado este tinglado abyecto, esta partitocracia blindada por una justicia servil y por un sistema electoral a la medida. Los que producen no pueden seguir manteniendo tanto chiringuito improductivo. Cerremos de una vez las televisiones públicas; las diputaciones; los consejos comarcales y los cabildos insulares, el Senado¿qué farsa es esa de la representación territorial?; la Casa Real ... Reduzcamos el número de ayuntamientos y autonomías, con ocho habría suficientes. Liberemos la economía del control de sindicatos y políticos. Los que llevan 33 años construyendo este tinglado a su medida no lo van a derribar ahora. Es el momento de buscar otras alternativas:

lunes, 17 de octubre de 2011

Se tiene que descubrir empresarialmente

¿Qué debe enseñarse en las universidades? ¿En qué idioma? ¿Cuántos taxis debe haber para atender la demanda en Londres? ¿Cómo tienen que ser los teléfonos móviles que se produzcan? ¿Qué tipo de interés debe aplicarse en cada momento?

Nadie podría garantizarnos una respuesta concreta óptima a estas preguntas. Ningún burócrata ni científico tiene la información suficiente. Y aunque pudiese llegar a tenerla se quedaría desfasada inmediatamente al tiempo que cambian las circunstancias. La mejor manera de responder a cada una de estas preguntas es la misma: se tiene que descubrir empresarialmente.

El descubrimiento empresarial es un proceso dinámico en el que participan multitud de empresas compitiendo entre sí, aportando lo mejor de su creatividad, de sus recursos, de su experiencia y sabiduría para satisfacer al consumidor mejor que sus rivales. Algunas tienen éxito, otras fracasan, otras sacan al mercado un producto formidable pero al poco tiempo éste queda obsoleto superado por otro de la competencia. El proceso competitivo de descubrimiento empresarial nos ha dado los teléfonos inteligentes de última generación. Gracias a él cientos de millones de personas han podido beneficiarse del talento y la creatividad de Steve Jobs. Es un proceso imparable de adaptación e innovación en el que los consumidores participan comprando o dejándolo de hacer y así contibuyen a que prosperen los productos que por su calidad, su precio o su diseño, mejor se adapten a sus gustos. ¿Existirían los teléfonos móviles hoy si se hubiera encargado de su desarrollo algún ministerio cubano?


En otros ámbitos, sin embargo se renuncia a este proceso y se confía la resolución de los problemas a algún iluminado supuestamente muy sabio o se deja que una mayoría decida lo que es mejor para el colectivo, y le imponga a todos su solución, democracia. Se permite, por ejemplo, que Cándido Méndez o Toxo, decidan qué salarios son los correctos, que Trichet suba o baje los tipos de intervención del Banco Central cuando considere oportuno, porque se supone que tiene un conocimiento científico infalible que le permite saber en cada momento el precio óptimo. Permitimos también que un reducido grupo de burócratas determine qué debe estudiarse en los institutos, o a qué precio debe venderse el tabaco, o que una mayoría determine en qué idioma se debe estudiar en un sitio e imponga esa solución a todos.

En un proceso de descubrimiento empresarial el consumidor puede elegir entre una amplia gama de soluciones, en un proceso de determinación administrativa no tiene más remedio que tragar con lo que hay, le guste o no. En un caso la dinámica competitiva lleva a una perfeccionamiento continuo de los productos, y en otros como el mercado laboral español, la brutal rigidez imperante conduce a un estancamiento crónico.

No dejemos que Méndez, ni Rubalcaba nos solucionen los problemas. Ni ellos ni nadie conocen la respuesta. Es algo que se tiene que descubrir empresarialmente.
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lunes, 1 de noviembre de 2010

La Red Social

Uno no hace 500 millones de amigos sin ganarse algunos enemigos. Un producto no consigue 500 millones de usuarios en poco tiempo sin ofrecer algo realmente satisfactorio para ellos. La radio tardó 38 años en llegar a 50 millones de personas. La televisión necesitó 13 para alcanzar la misma cifra. Internet lo consiguió en sólo cuatro. El iPod en 3. Facebook alcanzó los 50 millones de usuarios en dos años, y los 500 millones en seis. La Red Social nos cuenta la historia de la creación y la expansión de Facebook. Un hito del capitalismo global.



El rector de la Universidad de Harvard dice en la película que los alumnos de esa universidad prefieren inventar un puesto de trabajo que buscar un empleo. En otros sitios se subsidia a la gente para que no tengan que buscar un empleo. Mientras algunos profetizan el fin del trabajo, otros lanzan productos novedosos y con ellos satisfacen a los consumidores, crean riqueza y empleo.




Hace seis años vivíamos sin Facebook, ni Youtube, ni iPhone. No pensábamos que nos hiciesen falta y ahora para muchos son una herramienta fundamental. Es la creatividad empresarial la fuerza que hace prosperar al mundo. Hoy gracias a Facebook estamos mejor conectados con quienes queremos estarlo, podemos compartir vídeos, música e información con mucha facilidad a pesar de las distancias. Los creadores de esta red social se dieron cuenta de que la gente quería compartir información con sus conocidos y les dieron una herramienta para hacerlo. Como dice Jeffrey Tucker: "Facebook es el sitio web más popular de la historia. Ha conectado a la gente como nunca antes, permitiendo a una persona mantenerse al día de los tejemanejes de miles de otras personas en un tiempo récord. Es una gran contribución a la humanización y personalización de Internet y ha hecho posible que una gran variedad de causas e ideas encuentren expresión y audiencia."




El ser humano es un demandante incesante de nuevos bienes y servicios y mientras haya creatividad empresarial para descubrir y satisfacer las nuevas demandas, mientras haya libertad para que los emprendedores puedan actuar rápidamente y adaptarse a los cambios y mientras haya capital para financiar los proyectos, la humanidad seguirá prosperando:








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jueves, 30 de septiembre de 2010

Huelgas


Mucha gente sigue creyendo que se pueden imponer precios ajenos al mercado impunemente. Que si se hace la suficiente presión y se fuerza al gobierno, por ejemplo a decretar una subida de los salarios de un 15%, todo el mundo pasará a ganar un 15% más, y tan contentos. Quienes organizan y secundan huelgas como la de ayer creen que el modo de mejorar las condiciones laborales es la lucha, la coacción, hacer la suficiente presión para que la otra parte ceda. Una transacción se realiza libremente cuando las dos partes creen que salen ganando con el intercambio. Pretender forzar a la otra parte a unas condiciones que no le interesan es una estrategia condenada al fracaso. Si yo pretendo que mi empresa me pague un 15% más y ésta no cree que mi aportación a la empresa justifique ese salario, prescindirá de mis servicios y contratará a otro. Si el gobierno impide pagar un salario inferior, pero hay gente dispuesta a aceptarlo, la transacción podría hacerse en el mercado negro o la empresa podría instalarse en un lugar donde encontrase mano de obra más productiva. Pretender que el gobierno imponga unas condiciones laborales al margen de los intereses de las partes contratantes es tan absurdo como forzar al gobierno a fijar un precio máximo para el pan o como si los empresarios quisieran imponer salarios máximos.


Los salarios y las condiciones laborales mejoran debido a la competencia entre las empresas para hacerse con los servicios de los trabajadores más productivos. Por eso son mayores en Dinamarca que en Argentina, país con gran actividad sindical desde los tiempos de Perón. La inversión en capital de las empresas hace más productivos a los trabajadores. El requisito previo para que haya capital es que se ahorre. Un trabajador que lleve una máquina cosechadora puede producir mucho más que el que tenga que hacer la cosecha manualmente. Porque produce más la empresa podrá pagarle más o darle más días de vacaciones o reducirle la jornada. Esto sucede siempre que haya empresas compitiendo entre ellas. Si hubiese un único empleador como en Cuba, la empresa podría imponer salarios bajos.


Para lograr mejores condiciones laborales los sindicatos deberían procurar que hubiese cuantas más empresas mejor y que éstas dispusiesen de capital abundante para mejorar la productividad de los empleados. Justo lo contrario de lo que fomentan en España CC.OO y UG.T. No es de extrañar que tengamos en paro por las nubes y la productividad por los suelos.

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viernes, 11 de junio de 2010

Marc Vidal se equivoca

En un país donde el servilismo y la ignorancia abundan tanto entre analistas y tertulianos es muy de agradecer que haya gente valiente y que hable claro sobre la realidad económica como Marc Vidal. Sin embargo los buenos analistas a veces cometen errores importantes que no se deben dejar pasar por alto. En un artículo del mes pasado escribía:

Que no nos engañen ni un maldito minuto más. Todo este ahorro en el presupuesto a costa de funcionarios, pensionistas y retirada de ayudas a bebés y dependientes, todo ese aumento de impuestos con el que nos van a crujir estos “señores de lista cerrada”, todo, todo eso es para pagar la deuda y evitar que, en los vencimientos, España entre en “default” al no poder colocarla. No es para crecer ni para levantarle la empresa a nadie. ¡Qué leches!


Todo recorte conlleva menos gasto y al reducir el gasto se elimina el objeto de consumo y sin consumo se vende menos y si se vende menos se despide gente y si se despide gente aumenta el paro y si aumenta el paro no se crece y si no se crece aumenta el estancamiento y si aumenta el estancamiento se cierran empresas y si se cierran empresas se recauda menos y si se recauda menos se exigen mayores impuestos para pagar los servicios.


No señor. La riqueza no es consecuencia del consumo. Al revés, podremos consumir si previamente hemos acumulado riqueza. La riqueza es consecuencia de la producción y del libre intercambio, y la producción eficiente a gran escala requiere ahorro, y todo ahorro pasa por renunciar a cierto consumo presente. No es posible consumir permanentemente más de lo que se produce. A base de endeudarse sí es posible hacerlo durante un periodo limitado. Los españoles hemos consumido durante años por encima de nuestras posibilidades y eso no nos ha enriquecido. Al contrario, llegado el momento de pagar la factura, es evidente que no somos tan ricos como creímos. Ajustarse a la realidad es inevitable.


Está muy extendida la idea de que el gasto público es siempre positivo porque, dicen, crea empleo y riqueza. Es una idea que se repite diariamente en tertulias, y parlamentos sin que, la mayoría de las veces, nadie la discuta. Ya sea para colocar carteles informativos del Plan E, para construir recintos feriales que al poco tiempo acaban abandonados, para subvencionar energías poco eficientes. Nos dicen que ese gasto (lo suelen llamar engañosamente inversión) crea empleo y por tanto es positivo. Y que de suprimirlo se destruiría empleo y nos empobreceríamos. Es un grave error. Colocar carteles para el Plan E implica desviar recursos hacia fines poco productivos. Los recursos son escasos y se le pueden dar infinidad de usos alternativos. Unos con mucha utilidad para el bienestar humano y otros sin ninguna. ¿Quién puede decidir cuál es el uso más útil que se les da? Obviamente no un Pepe Blanco ni una Elena Salgado cuya prioridad es la rentabilidad política a corto plazo. Tampoco un Rajoy, ni un Einstein ni una madre Teresa. Nadie es capaz por sí solo de dar una respuesta óptima al problema enormemente complicado de decidir qué producir, en qué proporción, a qué coste y con qué combinación de recursos. Los intentos de planificar la producción centralmente fueron un rotundo fracaso.


Hay que tener muy claro que nuestros recursos son limitados y que según cómo los utilicemos seremos más ricos o no. Por tanto, un mayor gasto público implica un menor gasto y una menor inversión privada. Los gobiernos no sacan los recursos de una chistera sino del bolsillo del contribuyente, incluso cuando se endeudan lo están haciendo a cargo de los ingresos futuros del contribuyente. El mejor modo de satisfacer los deseos diferentes y cambiantes de millones de personas que demandan y ofrecen cosas, es facilitar que ellos mismos lleguen a acuerdos voluntarios. Incautándoles el dinero y dándoselo a un gestor para que lo gaste, sólo entorpeceremos el proceso de cooperación social. Jamás este gestor podrá tener el conocimiento disperso en millones de agentes sobre sus gustos y preferencias.


En conclusión: el gasto público debe reducirse, primero porque no nos podemos permitir gastar permanentemente más de lo que ingresamos; pero también porque implica menor gasto privado y por tanto una asignación de los recursos menos eficiente; y también porque implica menos ahorro, y por tanto menos capacidad para las empresas para acometer las inversiones que las hagan más productivas, es decir, para crear más riqueza en el futuro.


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miércoles, 2 de junio de 2010

El despido ha de abaratarse

La coyuntura cambia. Los modelos productivos se agotan y mueren. Lo que era tremendamente rentable hace tres años es inviable hoy. Los agentes económicos deben poder adaptarse y anticiparse a esos cambios con agilidad. Por eso es vital que los mercados sean flexibles. Los países sometidos a fuertes rigideces están condenados al fracaso en un escenario mundial altamente competitivo y globalizado. El mercado laboral español no funciona ni podrá funcionar mientras no se flexibilice drásticamente. Nuestros cuatro millones largos de parados saben dolorosamente de eso.

Hasta ahora ningún gobierno se ha atrevido, por ejemplo, a abaratar el despido. Los líderes sindicales venían diciendo que no aceptarían ninguna reforma que pasase por ahí. Políticos de la oposición hacen declaraciones altamente demagógicas e irresponsables en el mismo sentido. Sin embargo es imposible prolongar la vida de un marco legal tan rígido, tan asfixiante, que ha acabado frenando la contratación de trabajadores por el sector privado.

Pretender retrasar lo inevitable sólo contribuye a prolongar la agonía, a aumentar el periodo de parálisis e incertidumbre. España no puede permitirse seguir pagando la altísima factura del paro; los demandantes de empleo no merecen que la administración ni los sindicatos se sigan interponiendo entre ellos y los que ofrecen empleo. Los consumidores se beneficiarían de una producción mucho mayor y más variada, de bienes y servicios más baratos si esos millones de parados se integrasen en el sistema productivo. El despido debe abaratarse.

Una indemnización de despido tan alta que los empresarios no están dispuestos asumir, en nada protege al demandante de empleo. De igual forma que imponer un salario artificialmente alto no protegería al trabajador si no se encuentran empresarios dispuestos a pagarlos, ni tampoco un salario máximo artificialmente bajo protegería al empresario si los trabajadores se negasen a trabajar a cambio de él. Lo mismo para cualquier precio que se pretenda fijar coactivamente en un mercado competitivo. Es una ilusión creer que la administración puede coordinar a los agentes de manera eficiente mediante la imposición de condiciones entre ellos. Al final las únicas condiciones que valen son las que las dos partes acuerdan libremente. El desempleo sería bajo si bastase el acuerdo de un empresario y un trabajador para firmar un contrato. Si se tienen que atender también las condiciones impuestas por el Gobierno, los acuerdos serán menores; si además de las tres partes anteriores se requiere el visto bueno de los sindicatos serán aún menos, si se suman las de la patronal, la UE o las administraciones autonómicas, menos aún.

En un mercado flexible las empresas no tendrían miedo a contratar porque sabrían que podrían ajustar sus plantillas en el momento necesario. Sería posible proteger al trabajador como se hace en Dinamarca mientras se le ayuda a prepararse para otro empleo. Proteger al trabajador es compatible con la flexibilidad necesaria para competir en un mundo globalizado. No lo es empeñarse, contra viento y marea, en proteger puestos de trabajo concretos que, como consecuencia de cambios, dejan de ser rentables para las empresas, o dicho de otro modo, dejan de ser necesarios para los consumidores o dejan de contribuir a la creación de riqueza.

Las rigideces legales impiden la creación de empleo, descoordinan a los agentes, vacían las arcas del Estado y los bolsillos del contribuyente y empobrecen al conjunto de la sociedad, pues no se debe olvidar que toda prosperidad es fruto de la producción, no de la restricción. Derribemos restricciones a la producción.



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sábado, 16 de enero de 2010

Población mundial y recursos

A propósito de la colosal tragedia vivida en Haití, hay quien ha dicho que "el mundo menstrúa porque somos demasiados" y que "ni hay sitio para todos, ni hay riqueza para todos"

Más allá de consideraciones éticas y estéticas, el error de quienes afirman eso es que no comprenden que el recurso más valioso es la creatividad empresarial. Y que para manejar el inmenso volumen de información dispersa en la sociedad y que es necesaria para maximizar la producción y sacar el máximo rendimiento de los recursos materiales existentes, se requieren millones y millones de personas especializadas en lo que mejor saben hacer. Y para que estas personas se coordinen y aporten lo máximo a lo sociedad, lo mejor es dejarles interactuar libremente, sin mandatos coactivos de planificadores centrales. Nunca la Tierra había sido habitada por tanta gente y nunca antes habíamos dispuesto de tanta comida. La invención de un nuevo carburador que necesite la mitad de combustible para rendir lo mismo, es una creación empresarial que equivale a doblar las reservas mundiales de ese combustible. Unas reservas de gas situadas a enorme profundidad no son un recurso utilizable hasta que la creatividad empresarial se las ingenia para extraerlo a través de innovaciones tecnológicas.

Huerta de Soto explica muy bien esta idea en los doce primeros minutos de este vídeo.

Aprovecho para animar a los lectores a que ayuden a las vícitmas del devastador terremoto que ha arrasado Puerto Príncipe. Miles de inocentes sepultados, huérfanos, deshidratados, hambrientos y sin hogar necesitan su ayuda.

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viernes, 31 de julio de 2009

Profetas del pleno empleo

"Tiempo atrás dije, y algunos no me creyeron, que Andalucía está en una cuenta atrás para el pleno empleo técnico. Ahora empiezan a convencerse de que ese hecho está próximo. [...] Ésos y otros datos de la realidad económica me llevan al convencimiento de poder alcanzar el pleno empleo próximamente. Para conseguirlo hay que mantener el rumbo y perseverar en las políticas económicas desarrolladas por la Junta de Andalucía y en la concertación social, que tan buenos resultados nos han dado en este tiempo. "

Antonio Fernández, consejero andaluz de empleo. El 1 de mayo de 2007.

Como se ha hartado de repetir Roberto Centeno, ni entendían antes por qué crecíamos ni entienden por qué nos hundimos ahora. Careciendo de una buena base teórica uno puede llegar a creerse cosas tan absurdas como que el empleo que se creó durante la fase de expansión crediticia se debió en realidad a la gestión de la Junta de Andalucía y a sus inteligentes políticas de estímulo económico, y puede llegar a creerse también que esa expansión crediticia sin base de ahorro real puede prolongarse indefinidamente y acabar de una vez por todas con el desempleo en Andalucía. Diez meses después Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales anunciando el pleno empleo para la presente legislatura. Manuel Chaves siendo Ministro de Trabajo en 1987, prometió que el pleno empleo se conseguiría en el plazo de diez años. En 1996, casi diez años más tarde, el paro en España alcanzó la tasa récord del 22,9 por ciento de la población activa. En países como éste suelen prosperar los políticos que le dicen a la gente lo que quiere oír. Andalucía ya va por el millón de parados y España va camino de los cinco, pero siempre se puede culpar al capitalismo.

Había gente, sin embargo, que ya en 1999 sabía a dónde nos iba a conducir el auge artificialmete inducido por las autoridades monetarias, como Richard Ebeling, que explicó en el Detroit News:

"Estábamos viviendo un crecimiento real y saludable –innovación real y globalización– pero al mismo tiempo la Reserva Federal ha manipulado los tipos de interés y ha generado una inestabilidad que en el futuro derrumbará la economía. La Reserva Federal está favoreciendo las malas inversiones gracias a la mayor liquidez que proporciona".

El gentío, sin embargo, prefirió echarse en brazos de los que iban a traer el pleno empleo...

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sábado, 28 de marzo de 2009

Los fundamentos de la prosperidad III: el libre intercambio

El libre intercambio

El libre intercambio es otro de los fundamentos de la prosperidad. Las personas que actúan libremente intercambian bienes y servicios sólo si consideran que salen ganando con el cambio. No tiene que perder una parte para que gane la otra. Se suele utilizar este ejemplo: Si Ricardo tiene un balón de fútbol pero le gusta más el baloncesto y Raúl tiene una pelota de baloncesto, pero le gusta más el fútbol; si deciden intercambiarlas se habrá creado riqueza. Las dos partes salen ganando con el cambio porque consiguen algo que valoran más que lo tenían previamente, luego son más ricas. El libre comercio crea riqueza y restringirlo supone empobrecer a las personas.

Se argumenta a veces que hay países que deben proteger a sus empresas de la competencia exterior. Los aranceles ciertamente pueden beneficiar a algunas empresas del país que los aplica, pero lo hace a costa de perjudicar al resto de la sociedad, a la que se priva de productos que podrían interesarle más que los locales por ser más baratos o de mayor calidad. Además los aranceles distorsionan la estructura productiva de un país porque hace que en lugar de especializarse en lo que mejor sabe hacer, ese país produzca cosas que le interesaría más comprar a alguien más competitivo en ese producto. Pero incluso si hubiese un país que no es capaz de producir nada de forma más competitiva que los demás, saldría ganando si se integrase en el libro comercio. En su formidable libro En Defensa del Capitalismo Global, Johan Norberg lo explica con un ejemplo similar a éste: si Ana es un as de la cirugía y además se le da bien cocinar y limpiar y Manuel sabe cocinar y limpiar pero peor que Ana, ambos podrían beneficiarse si Ana dedica el mayor tiempo posible a la cirugía, y le paga a Manuel por limpiar y cocinar en su casa. Aunque Ana fuese el doble de buena que Manuel limpiando, si es cien veces mejor como cirujano, le conviene concentrarse en lo que mejor sabe hacer para lograr el mayor rendimiento. Todos aquellos que rechazan el libre comercio porque se desarrolla bajo "condiciones desiguales " harían un llamamiento a Manuel para que se aislara y no incurriera en trato alguno con Ana.

¿Por qué, entonces hay riqueza en algunos sitios y en otros no? Porque mientras en algunos países se han esforzado al máximo en ahorrar para luego invertir y producir de forma competitiva para luego intercambiar esa producción por otras cosas, en otras naciones han prevalecido políticas restrictivas del ahorro, la producción y el libre comercio.

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jueves, 26 de marzo de 2009

Mientras la humanidad siempre avanzando no sepa a do camina...

A pesar de tanto globófobo y tanto neoludita la humanidad sigue avanzando, vivimos en un mundo cada vez más globalizado que cambia a un ritmo trepidante. Maravillas del mercado que no existían hace pocos años como Google o Facebook están revolucionando la comunicación humana. No se pierdan este vídeo para hacerse una idea del ritmo y el alcance de esta revolución.



Pulsando sobre el vídeo se accede a la versión subtitulada en español en Youtube.

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sábado, 6 de diciembre de 2008

Ayudas al automóvil: intervencionismo empobrecedor

En una entrada reciente explicábamos cómo, frecuentemente las políticas intervencionistas, al desviar la producción del curso que habría seguido en un mercado libre impiden que cada factor se emplee de la manera más provechosa y consecuentemente restringen la producción y empobrecen al conjunto de la sociedad.

Estos días la actualidad política nos brinda un ejemplo clarísimo de intervencionismo empobrecedor. El gobierno español ha ofrecido ayudas a los fabricantes de automóviles a cambio de que éstos se comprometan a mantener sus plantillas. Otros países occidentales han propuesto medidas parecidas. El sector atraviesa una aguda crisis. Las ventas de vehículos han caído estrepitosamente y por tanto las empresas deben adaptar su producción y sus plantillas al nuevo escenario. En este contexto ¿Qué sentido tiene incentivar a esas empresas para que mantengan sus plantillas? Políticamente puede tener algún sentido, pero económicamente no tiene ninguno. Si antes las empresas para mantener su producción necesitaban una plantilla abundante, pongamos, por poner un ejemplo, 200.000 empleados, y ahora para una producción mucho menor podrían pasar, por ejemplo con 125.000, ¿qué sentido tiene ayudarles a mantener los 200.000? Mantener a 200.000 trabajadores para producir lo que podrían producir 125.000, equivale a pagar a 75.000 trabajadores para que no produzcan nada. Lógicamente así no prospera ningún país. A nadie le gustan los despidos, pero pagar para no producir nada es ruinoso e inútil. Por cada empleo mantenido merced al gasto público, los contribuyentes que han sufragado ese gasto proporcionan un empleo menos en otras empresas. Si se orientan los recursos hacia sectores en declive, no se conseguirá sino perpetuar la recesión. ¿Qué hubiera pasado si cuando empezó a desarrollarse la industria del automóvil los políticos se hubieran empeñado en salvar el empleo de los fabricantes de carros de tracción animal?

Ante estas políticas populistas, hay que reiterar una y otra vez que los factores productivos son siempre escasos, y que aquellos que se empleen para una industria se están dejando de emplear para otra industria alternativa, acaso más eficiente, productiva y enriquecedora. Para que el capital y el trabajo se orienten hacia aquellos sectores donde pueden ser más provechosos hay que dejar que las decisiones económicas prevalezcan sobre las políticas, es decir hay que liberalizar los mercados para que los agentes, sin interferencias políticas, encuentren los usos más rentables para su capital y para su trabajo. Sólo así se reajustará la estructura productiva y se maximizará la producción redundando en beneficio de toda la sociedad. Los empleos que se pierdan en una empresa, si el mercado laboral es suficientemente flexible, se pueden recuperar en otra más eficiente.

A nadie debe extrañarle, después de este ejemplo, que los países que más trabas ponen al libre proceder de los agentes económicos y que más políticas restrictivas de la producción implementan, sean también los más pobres.

La producción es fin; el empleo, únicamente el medio de conseguirla. (Henry Hazlitt)

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sábado, 22 de noviembre de 2008

Los fundamentos de la prosperidad II: el ahorro

El ahorro

Carl Menger, pionero de la Escuela Austriaca, pensaba que no hay modo más seguro para hacer que una idea triunfe definitivamente que dejar que toda orientación contraria llegue a sus últimas consecuencias. En la actual coyuntura económica, las consecuencias de las políticas destructivas del ahorro que han prevalecido hasta ahora están a la vista de todos, pero no está claro que los responsables políticos vayan a cambiar su proceder. Las prácticas populistas de muchos de ellos, exigen el pago de enormes facturas. Y para hacerles frente tienen que recurrir a políticas lesivas del ahorro tales como subir los impuestos, endeudarse, o incluso aumentar la oferta monetaria.

Si las empresas pueden dar una utilidad práctica a los avances científicos y tecnológicos es gracias al ahorro. Cuando se acumula capital las empresas pueden financiar proyectos que les permitan ser más productivas. Pueden introducir innovaciones que les permiten producir más con los mismos recursos. Cuanto más produce el individuo, como vimos, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad, y cuanto más y mejor produce por hora el individuo, más es capaz de aumentar su salario.

Cuando los gobiernos, para sacar adelante sus agendas populistas, recaudan en forma de impuestos, buena parte de la renta de los contribuyentes, están impidiendo que esos recursos se acumulen en forma de ahorro y sean empleados para financiar proyectos que, utilizados en sectores eficientes, habrían redundado en beneficio de toda la comunidad.

Cuando los gobiernos se endeudan están obstaculizando que empresas y familias puedan hacer lo mismo, porque están compitiendo con ellas por un recurso escaso, lo que provoca un encarecimiento de ese recurso, es decir, hacen subir el precio del dinero.

Si los gobiernos, para hacer frente al pago de sus facturas, patrocinan un aumento de la oferta monetaria, estarán diluyendo el valor de la moneda. Directamente estarán destruyendo el ahorro de las familias y las empresas. Cuando hay más euros compitiendo por los mismos bienes y servicios, inevitablemente habrá que pagar más euros para hacerse con esos bienes o servicios. Henry Hazlitt lo explicaba así: “Los que imaginan posible aumentar el volumen dinerario en cualquier medida sin que resulten afectados los precios o bien son incapaces de comprender que la colectividad no puede adquirir doble cantidad de bienes que antes, a menos que su producción se duplique, o imaginan que lo único que impide el crecimiento indefinido de la producción no es la escasez de mano de obra y las limitaciones del horario laboral y de los restantes factores de la producción, sino tan sólo la escasez de medios de pago”.

Por eso, las medidas que obstaculizan este proceso de acumulación y asignación a sectores eficientes del capital, están obstaculizando el progreso que posibilita más y mejor producción y también mayores salarios.

El ahorro, conviene recordar, no se genera espontáneamente. Depende de los tipos de interés. Si éstos son artificialmente bajos, el incentivo para ahorrar disminuye y provocan que se demande más dinero del que se ofrece, a la vez que se distorsiona la relación entre el consumo presente y el consumo futuro. Además se lanza una señal engañosa a los operadores que hace que proyectos antieconómicos les parezcan en principio rentables. Esto da lugar a malas inversiones a gran escala cuya inviabilidad se revela al estallar las crisis que estas políticas originan.

Por eso es importantísimo que los tipos de interés no dependan de populistas inescrupulosos.


Los fundamentos de la prosperidad I: la producción
Los fundamentos de la prosperidad III: el libre intercambio

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domingo, 9 de noviembre de 2008

La movilidad social en EE.UU.

Está muy extendida la idea de que la movilidad social es muy pequeña, que los pobres y los ricos lo son para siempre, y se dice que esta situación justifica el intervencionismo económico. Esto es así en las economías muy rígidas, donde los grupos que se benefician de los privilegios concedidos por la administración, en forma a veces de limitaciones a la entrada de competidores en determinados mercados, presionan para mantener el statu quo. No es de extrañar por tanto, que magnates como Carlos Slim, apoyen a ultrapopulistas como López Obrador. En las economías más flexibles, sin embargo, donde prevalecen las empresas que mejor se adaptan a los cambios y que mejor satisfacen al consumidor en un entorno competitivo, y no aquellas que gozan de un trato de favor por parte del poder político, la cosa es diferente. Lo explica Johan Norberg en su libro En Defensa del Capitalismo Global:

"En una economía dinámica de mercado existe la movilidad social. Aquellos que son pobres hoy no tienen necesariamente que serlo mañana. En la ausencia de privilegios inamovibles e impuestos gravosos, las posibilidades de mejorar el propio nivel de vida mediante el esfuerzo personal, la educación y el ahorro son muy elevadas. El 80% de los millonarios americanos han amasado personalmente su fortuna, es decir, su patrimonio no es heredado.

Ciertamente el 20% de la población de menos recursos en una economía capitalista como la estadounidense sólo gana el 3,6% del PNB del país, una proporción que no parece ampliarse. Pero al estudiar de esta manera estática las desigualdades de renta, olvidamos fácilmente que existe una movilidad continua dentro de los diversos grupos, y que dicha movilidad es ascendente. En parte porque los salarios aumentan con la cualificación y los años de ejercicio profesional. Sólo el 5,1% de los estadounidenses que pertenecían en 1975 al 20% más pobre de la población seguía haciéndolo en 1991. Casi un 30% de ellos había logrado posicionarse durante ese periodo entre el 20% más rico y, en total, un 60% se había colocado entre el 40% más próspero del país. El sector de la población que en 1975 pertenecía al 20% más pobre había incrementado en 1991 sus ingresos anuales ( que en 1997 se situaba en el equivalente a 1.263 dólares ) nada menos que 27.745 dólares, lo cual supone un aumento en términos absolutos de más de seis veces el logrado por el 20% más opulento.

(...)Sólo un 4% de la población estadounidense es considerada como pobre de larga duración ( más de dos años ). Simultáneamente, al segmento del 20% más deprimido se incorporan nuevos individuos, principalmente estudiantes e inmigrantes sin recursos, que podrán subir rápidamente en la escala de la prosperidad.
"

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miércoles, 22 de octubre de 2008

Austrofobia, constructivismos y utopismos

El Neoconomicón es un blog riguroso y de calidad, sobre todo en el tratamiento de temas filosóficos e históricos. Me sorprende, sin embargo, que su autor tenga esta percepción del pensamiento miseano:

"Nairu, la humanidad no se ahorraría padecimientos salvo que viviésemos en alguna utopía, y perseguir la utopía ha sido causa de padecimientos bastante gordos. O, como escribió Hölderlin, cada vez que el hombre ha tratado de hacer del mundo su paraíso, lo ha convertido en el infierno. Eso vale para Marx, pero también para Mises y para cualquiera que hable como un iluminado y pretenda abolir el a posteriori. Si hay que rescatar algo del liberalismo, será el empirismo y el espíritu escéptico, no la doctrinaza a machamartillo. O sea, que todos estos iluminados y visionarios, a la mierda".

Yo le he contestado que los que hicieron tanto daño en pos de esas utopías fueron los racionalistas constructivistas contra los que tanto batallaron Mises y Hayek. Que el liberalismo de éstos es todo lo contrario del utopismo constructivista. Que utopismo es creer que la acción estatal puede abolir la herencia sin consecuencias dramáticas, o que se pueden bajar los precios por decreto sin provocar escasez, o que los salarios pueden evolucionar independientemente de la productividad sin que aumente el paro. O en definitiva, esa pretensión arrogante según la cual, el hombre puede moldear a su gusto la realidad circundante. La doctrina de Mises y de Hayek, es todo lo contrario de la búsqueda utópica de paraísos. Es el reconocimiento de los límites de la ación política. Es el realismo frente al utopismo constructivista, por eso me indigna que las entradas sobre pensamiento austriaco en este blog vayan siempre acompañadas de etiquetas como "ingenuidad crónica", "ingenuidad sin límites" etc.

Lo que decía exactamente Hölderlin, conviene recordar, es lo siguiente: "Lo que ha hecho siempre del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha intentado hacer de él su paraíso."

Sobre este tema, me parece muy conveniente recordar estas palabras que escribió Huerta de Soto para el prólogo de La Fatal Arrogancia ( F. Hayek):

"La gran aportación de Hayek consiste, básicamente, en haber puesto de manifiesto que la idea original de Ludwig von Mises en torno a la imposibilidad del cálculo económico socialista no es sino un caso particular del principio más general de la imposibilidad lógica del "racionalismo constructivista o cartesiano", que se basa en el espejismo de considerar que el poder de la razón humana es muy superior al que realmente tiene, y que cae, por tanto, en la fatal arrogancia "cientista" que consiste en creer que no existen límites en cuanto al desarrollo futuro de las aplicaciones de técnica o ingeniería social.

(...) Organizar la sociedad desde arriba , basándose en órdenes, mandatos coactivos y prohibiciones es teóricamente imposible, al impedirse la libre creación y transmisión del enorme volumen de información práctica que exige una economía moderna y que no puede ser siquiera intuido por el órgano central de planificación. (...) De hecho, todas las tragedias de la humanidad de los últimos cien años que no se han debido a causas naturales (...) han tenido su origen directo o indirecto en el deseo, muchas veces bienintencionado, de llevar a la práctica la utopía socialista."

En Derecho, Legislación y Libertad, Hayek explica esta idea con una claridad insuperable:

" El error característico de los racionalistas constructivistas a este respecto estriba en que intentan basar sus argumentos en lo que se ha denominado la ilusión sinóptica, es decir, en la ficción de que todos los hechos relevantes son conocidos por alguna mente, y de que es posible construir a partir de este conocimiento de los particulares un orden social deseable. A veces la ilusión se expresa con un toque de conmovedora ingenuidad en los entusiastas de una sociedad deliberadamente planificada, como cuando alguno de ellos sueña con el desarrollo del “arte del pensar simultáneo: la capacidad de abordar a un tiempo una multitud de fenómenos interrelacionados, y de integrar en un solo esquema los atributos tanto cuantitativos como cualitativos de estos fenómenos”(Lewis Mumford). Tales sujetos parecen ignorar completamente que este sueño esquiva el problema central que plantea cualquier esfuerzo por comprender o conformar el orden de la sociedad: nuestra incapacidad para reunir como conjunto abarcable todos los datos que integran el orden social. Todos aquellos que están fascinados por los bellos planes que resultan de tal planteamiento porque son “tan ordenados, tan visibles y tan fácilmente comprensibles”(Jane Jacobs), son víctimas de la ilusión sinóptica y desconocen que estos planes deben su aparente claridad al hecho de que el planificador deja a un lado todos los hechos que desconoce”…

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sábado, 27 de septiembre de 2008

Crisis: Teoría y hechos

Ante una crisis como la actual es normal que todo aquel que confiaba en un modelo económico valore si los hechos acaecidos se ajustan o no a ese modelo teórico. Así por ejemplo, hay a gente como Raimon Obiols, quien dirigió el PSC hasta 1996, que reconocen humildemente, que el modelo en que hasta ahora creían, la socialdemocracia, no ofrece respuestas a la actual crisis. También hay gente, como el arzobispo de Canterbury, aquél que bendecía la implantación de la Sharia en el Reino Unido, que cree que los hechos vienen a darle la razón a Marx y que asistimos al principio del fin del capitalismo. Interpretaciones parecidas a ésta última tienen mucha repercusión en los grandes medios de comunicación, cosa por otra parte, fácilmente predecible.

Lo que no tiene tanta repercusión es la interpretación de los seguidores de Mises, a pesar de haber vaticinado el hundimiento del mercado inmobiliario y el descalabro del sistema financiero hace más de un año, cuando aún prevalecía el optimismo entre los inversores. Recordemos que el IBEX alcanzó su máximo histórico el pasado mes de noviembre.

Mises defendía que las depresiones eran consecuencia de las políticas de expansión crediticia patrocinadas por los gobiernos pensadas para rebajar los tipos de interés del mercado. Y lo que hemos tenido en España, más que una expansión habría que llamarlo auténtico desparrame crediticio: entre 2001 y 2007 la actividad crediticia creció cada año un 25%, algo que no ha ocurrido en ningún otro lugar del mundo, ni siquiera en China. Para hacerse una idea de lo que significa crecer anualmente al 25%, consideremos que tenemos una deuda de 3.000 euros. Si crece a ese ritmo, al sexto año la deuda ascenderá a 11.444€ y al décimo a 27.940. O sea, es un ritmo insostenible a medio plazo. Y ocurre que en España, donde el crédito crecía a ese ritmo gracias al ahorro extranjero, ahora las fuentes de financiación están cerradas a cal y canto. Teniendo en cuenta que además hay en este país tal cantidad de viviendas sin vender que se necesatarían cuatro años para venderlas todas al ritmo actual de ventas, no hacía falta ser un adivino para anunciar un frenazo en seco de la construcción, lo que se traduce inevitablemente en un importante aumento del desempleo, que además será muy difícil de revertir en las condiciones actuales. Mises defendía también que esas políticas expansivas del crédito creaban malas inversiones a gran escala, que privaban de capital líquido al sistema económico y llevaban a contracciones del crédito y de ahí las depresiones. Y vemos cómo ése es precisamente el panorama actual en España donde la fiebre inmobiliaria hizo que el precio del metro cuadrado superase los 6.000€ en nueve ciudades en 2.006, y que fuese más barato comprar un piso en el centro de París que en la playa de Castelldefels. Y los bajos tipos de interés han provocado aquí también escasez de liquidez en las entidades bancarias. Los defensores de estas políticas parecen creer que se pueden bajar los tipos sin que descienda el ahorro, tal vez porque crean que los que ahorran no tienen otra alternativa para su dinero que depositarlo en los bancos.

Ludwig von Mises era además un destacado defensor del patrón oro que , según creía, haría imposible tanto la inflación como la deflación, pero este asunto no lo trataremos aquí sin antes haberlo estudiado en profundidad.

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jueves, 25 de septiembre de 2008

Los fundamentos de la prosperidad I: la producción

La pobreza, cuenta el columnista Jonah Goldberg," es la condición normal de la humanidad. Es una condición que viene preestablecida de fábrica para nosotros los mortales. Como individuos y como especie, nacemos desnudos y sin un céntimo, privados de habilidades y posesiones. Del mismo modo, en la infancia de la civilización el hombre era pobre, en todos los sentidos. Vivía en la ignorancia, la suciedad, el hambre y el dolor, moría muy joven ya sea por enfermedades o por la violencia. La pregunta interesante no es "¿Por qué hay pobreza?" sino "¿Por qué hay riqueza?". Y esa es la pregunta que trataremos de responder.

La pobreza es lo natural. Lo articial, la riqueza. Ésta es por tanto, consecuencia de la acción humana. Se debe a personas que se esfuerzan por satisfacer las demandas de los demás, que aportan nuevos planteamientos y trabajan con afán por hacer realidad sus ideas. Pero esto ocurre en todos los países. La diferencia es que en algunos sitios existe un entorno que permite y estimula las ideas y el esfuerzo y en otros se ponen más obstáculos a la producción, al ahorro y al libre intercambio, que son precisamente, los fundamentos de la prosperidad:

La producción

Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Puede parecer evidente, pero sin embargo, se siguen reclamando políticas restrictivas de la producción como reducir forzosamente la jornada laboral a 35 horas o restringir la oferta de suelo edificable. Frente a tan equivocadas propuestas, debemos reiterar una y otra vez que el bienestar y la prosperidad son consecuencia de la producción, no de la restricción. El nivel de riqueza depende del empleo dado a unos siempre escasos factores de producción. Cuando tal utilización se restringe, no aumenta sino que disminuye el nivel de bienes disponibles. Existen infinidad de combinaciones posibles para utilizar esos limitados factores de producción. Según se combinen, el resultado será uno u otro; la plena producción o una producción de menor valor. Hay que recordar que entre una buena solución y la solución óptima, puede haber muchísimo dinero de diferencia. Para una cantidad limitada, por ejemplo, de madera, hay infinidad de combinaciones posibles para utilizarla en el proceso productivo: 10% para lápices, 20% para sillas del tipo A, 35% para mesas del tipo B etc. Cuando se tiene que decidir con precisión sobre la totalidad de los factores productivos nos enfrentamos a un problema enormemente complicado que únicamente el vilipendiado mecanismo de los precios libres es capaz de resolver. Así lo explica la teoría económica de Mises , avalada por una abrumadora evidencia empírica:

"Toda injerencia estatal en la actividad mercantil, desde luego, desvía la producción del curso que habría seguido presionada tan sólo por los consumidores a través del mercado.(...) La interferencia impide a los individuos utilizar sus conocimientos y sus habilidades, su capacidad de trabajo y los factores materiales de producción del modo que le reportarían los máximos beneficios y las más cumplidas satisfacciones. Esta injerencia, por tanto, empobrece a la gente cuyas apetencias quedan sólo en menor grado satisfechas. ( ...) Como quiera que en el mercado inadulterado prevalece una tendencia irresistible a emplear cada factor de producción de la manera que mejor satisfaga las más urgentes necesidades del consumo, si el gobierno interfiere el proceso no logra otra cosa que desvirtuar esa tendencia".

El mecanismo de los precios libres acomoda día a día las variaciones constantes entre los elementos que intervienen en la fijación de precios. Millones de individuos influyen diariamente sobre ellos según lo que demanden y lo que ofrezcan. Ningún gobernante por sabio y ecuánime que sea, es capaz de encontrar una alternativa que satisfaga mejor las necesidades de esos millones de individuos que la que consiguen ellos mismos interactuando libremente. Por eso los países que han confiado en una producción centralmente planificada no han podido, ni remotamente, conseguir una producción que satisfaga las necesidades de sus consumidores mejor de lo que han podido hacerlo los que han confiado en el mercado. Por eso la riqueza es mayor allí donde menos se han aplicado políticas restrictivas de la producción.

En las siguientes entregas se analiza el papel del ahorro y del libre intercambio como fundamentos de la prosperidad.

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domingo, 18 de noviembre de 2007

Jeremy Rifkin entre las eminencias del PSOE

Desde hace siglos se halla muy extendida la creencia de que los avances tecnológicos incrementan el desempleo. A pesar de ser desmontada en muchas ocasiones, esta equivocada idea sigue muy viva hoy en día. Uno de sus mayores valedores es Jeremy Rifkin, el autor de El Fin del Trabajo, recientemente fichado por el PSOE para colaborar en el diseño de su programa electoral junto a otras eminencias.

A principios del siglo XIX en Inglaterra, surgió un movimiento obrero que protestaba contra la introducción de las máquinas y la generalización del sistema fabril. Los llamados luditas, destruían las máquinas de las fábricas para defender sus puestos de trabajo. En la industria de la fabricación de medias, por ejemplo, en un solo tumulto fueron destruidos más de mil telares. Además se amenazó a sus inventores, que tuvieron que huir para salvar su vida. Aunque en un primer momento miles de obreros fueron desplazados por las máquinas, a finales de ese siglo, la industria de fabricación de medias empleaba, por lo menos, a cien obreros por cada uno de los empleados a principios de siglo. Henry Hazlitt lo explica detalladamente en uno de los capítulos de La economía en una lección.

En la actualidad los neoluditas no se dedican a quemar talleres ni a destruir maquinaria, pero comparten con los luditas del XIX la idea de que los avances tecnológicos destruyen empleos. En una entrevista de hace dos años Rifkin declaraba: El desempleo se debe al avance de la tecnología, que elimina empleos que pueden ser sustituidos por máquinas. Es algo que lleva sucediendo desde que empezó la Revolución Industrial. (... ) La semana de 35 horas no es la razón del desempleo. La causa del desempleo es la sustitución de trabajadores por la tecnología. Y eso pasa en todo el mundo.

Su análisis es muy simple. Si una máquina puede hacer el trabajo que antes hacían treinta hombres. A medida que vayan introduciéndose esas máquinas irá aumentando el desempleo. Para evitar que éste se dispare, proponen repartir el trabajo limitando la jornada laboral. Rifkin está considerado como el principal ideólogo de la fracasada medida de reducir la jornada a 35 horas.

El buen economista, sin embargo, no debe quedarse en las consecuencias inmediatas de una medida. Los avances tecnológicos pueden en primera instancia destruir algunos empleos, pero también permiten aumentar la productividad enormemente. Hoy en cualquier país desarrollado menos de un 5% de la población se dedica a la agricultura y produce mucho más de lo que producía la población agraria de hace un siglo, que representaba más de un 80% del total. Los avances tecnológicos han multiplicado la producción en este y otros sectores y el desempleo no es un problema donde hay mercados laborales libres. Gracias a la tecnología la producción ha aumentado espectacularmente, lo que ha abaratado los precios de los productos y ha hecho posible que una hora de trabajo en la actualidad tenga un valor aproximadamente 25 veces superior en relación al de mediados del siglo XIX. La mano de obra que la tecnología ha liberado del sector agrícola, ahora puede dedicarse a producir muebles, a conducir taxis, o a fabricar televisores, automóviles u ordenadores para nosotros. Hace un siglo nadie demandaba muchas cosas que ahora nos parecen imprescindibles. Los frigoríficos eran un lujo sólo al alcance de unos pocos ricos hace unos cincuenta años en España. También lo fueron en su momento los coches o el irse de vacaciones al extranjero. Mientras haya demandas humanas insatisfechas que el trabajo pueda satisfacer, el desempleo será muy bajo en los mercados laborales libres. La causa del desempleo no es el avance tecnológico sino la rigidez de los mercados laborales. Cuando unas demandas hayan sido satisfechas aparecerán otras nuevas, porque está en la naturaleza humana reclamar cada vez más comodidades, más servicios, más productos. Y está en manos del libre mercado el proporcionarlos. Los viajes espaciales ahora nos parecen un lujo para multimillonarios excéntricos, como lo era hace siglos el irse de vacaciones, pero quizá para nuestros nietos sea algo tan común como irse en autocar a Andorra. ¿ Quién se imaginaba hace cien años que todos íbamos a demandar ordenadores o segundas residencias ?

No tiene ningún sentido repartir el empleo, porque éste no es una constante. Para que uno trabaje más no es necesario que otro trabaje menos. El fin del trabajo no debe preocuparnos porque siempre habrá demandas por satisfacer. Cuando la tecnología haga posible que una máquina multiplique la producción de un bien por cinco con la mitad de trabajadores, esos trabajadores podrán dedicarse a producir nuevos bienes y servicios para nosotros. Y el abaratamiento de los productos que en un mercado libre y competitivo logran los avances tecnológicos, hará que tengamos más dinero para gastar en otras cosas y demandemos servicios que antes no podíamos permitirnos, como un profesor particular de francés o un viaje guiado a Tanzania.

Rifkin y el PSOE están equivocados. Ignoremos sus absurdas propuestas y trabajemos por un mundo más libre y próspero.

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martes, 3 de julio de 2007

Fabuloso recital humorístico de Evo


El Mundo publicó este sábado esta interesantísima entrevista con Evo Morales. Puede leerse completa aquí. Es tan surrealista lo que dice, que uno no sabe si el personaje es un jeta sin escrúpulos que se está riendo de nosotros y de los bolivianos, si simplemente es tan ignorante como parece, o si por el contrario es un genio del humor. Entre otra cosas dice:


Si seguimos avanzando como ahora, de aquí a 15 años podemos estar igual que Suiza.

Esto no se lo puede creer nadie mentalmente sano. Está engañando vilmente a los bolivianos, prometiéndoles la Luna, alimentando falsas esperanzas. Si Suiza tiene un PIB per cápita de 33.600 dólares, y Bolivia de 3.000 ya me contarán a qué ritmo tiene que crecer anualmente para alcanzar a Suiza, suponiendo que ésta se quedase estancada durante ese período, y sobre todo, qué piensa hacer para lograr ese portentoso crecimiento además de ahuyentar a los inversores, predicar contra el capitalismo y la globalización y nacionalizar recursos.
Iluminados como Morales son los responsables de que Bolivia en el último medio siglo haya crecido a penas un 1%, mientras en ese periodo Brasil ha crecido un 350%, Chile un 200, y Argentina un 75.


No hay expertos bolivianos patriotas que quieran cobrar los sueldos del Gobierno. Yo aposté con cariño por la política de austeridad, me reduje el salario a 15.000 bolivianos (unos 1.600 euros), y la ley es que ningún funcionario público gane más que el presidente. Los expertos quieren lo mismo que les pagan las multinacionales.

¿ De verdad se creía que apelando al patriotismo de los trabajadores y no a su propio interés iba a conseguir que rindiesen ? Es increíble, resulta que había unos trabajadores muy cualificados, capaces de extraer el gas del fondo de la tierra y convertirlo en un recurso económicamente utilizable, las empresas multinacionales valoraban enormemente su trabajo porque les permitía ganar dinero y por eso estaban dispuestas a pagarles grandes salarios; pero llega Evo, impone su voluntad en las empresas, limita legalmente los sueldos de los técnicos, y luego culpa a éstos de no querer trabajar por falta de patriotismo. Luego hay quien se estraña del mal funcionamiento de las empresas públicas...


El capitalismo es el peor enemigo del ser humano y Europa debe cuestionarlo

Mire usted, el capitalismo liberal consiguió transformar la faz de la tierra. Produjo un considerable desarrollo económico. Liberadas las fuerzas productivas del hombre, los medios de subsistencia se multiplicaron. Cuando se desencadenó la I Guerra Mundial la tierra tenía una población incomparablemente mayor que la que jamás había conocido y la gente gozaba de un nivel vida nunca antes alcanzado. La mortalidad infantil se redujo notablemente. Tal prosperidad en modo alguno benefició exclusivamente a una clase de privilegiados. En vísperas de la guerra el obrero europeo y el norteamericano tenía a su alcance comodidades de las que carecían los aristócratas en épocas nada lejanas. Todo este bienestar, lo explica muy bien Mises, no hubiera sido posible sin el aumento en los ahorros y del capital acumulado. Sin estos fondos que permiten a las empresas utilizar prácticamente el progreso científico y tecnológico moderno, el trabajador europeo no produciría más y mejores cosas por hora de trabajo que los bolivianos ; no ganaría más que ellos, y viviría como ellos en la pobreza. Así que deje de obstaculizar la inversión y el ahorro y haga lo posible por crear un clima social y jurídico en el que proliferen las empresas y mejore el sistema educativo.


Sufrimos profundas asimetrías entre continentes, por ese expolio de siglos.(... ) Es importante acordar con Europa cómo frenar esas diferencias, ahondadas con la globalización y el libre mercado.

Ya estamos con el victimismo barato. El culpable de los fracasos está siempre en el exterior. Siempre hay potencias malignas y designios perversos que impiden desarrollarse a los pueblos. Se les ha advertido reiteradamente que por el camino del socialismo no prosperán nunca, insisten tercamente por ese camino, y luego la culpa de todo es del imperialismo yankee y de los españoles. Parece que en doscientos años no han tenido tiempo de superar los vicios heredados, aunque ahora, con quince años de socialismo alcanzarán a Suiza.

No hay profundas asimetrías entre continentes debidas a expolios. Los Estados Unidos, Canadá, Australia o Singapur también han sido colonias, pero a diferencia de Zimbabwe, Jamaica, Belice o Bolivia han puesto en práctica las políticas económicas adecuadas que han favorecido el ahorro, la inversión, el intercambio pacífico de bienes y servicios, y en definitivamente el crecimiento. Y no culpe a la globalización ni al libre mercado, porque está marginando a su país de la globalización y está impidiendo la libertad de mercado.

sábado, 14 de abril de 2007

Por qué sobrevive el capitalismo

Decía Ludwig Von Mises que si el capitalismo ha conseguido sobrevivir pese a la actitud negativa de las masas y los gobernantes y no ha podido ser sustituido por ninguno de los múltiples sistemas elaborados tanto por ideólogos como por los considerados "hombres prácticos" sólo puede ser atribuido a que ningún otro orden social es viable. Ciertamente ningún otro orden social es viable, pero no bastan los datos empíricos para demostrarlo. Podríamos acumular montañas de cifras que demostraran cuán equivocados estaban, por ejemplo, los comunistas del pasado. Pero de nada serviría si no pusiéramos en claro por qué estaban equivocados. La estadística y la historia han de ir acompañadas de una básica comprensión deductiva de los hechos.

Únicamente el vilipendiado mecanismo de los precios libres ( aquí van incluidos los tipos de interés y los salarios ) es capaz de resolver el problema enormemente complicado de decidir con precisión, entre las miles de alternativas posibles de producción y contratación, entre las miles de mercancías y servicios diferentes, qué cantidad y en qué proporción deben producirse.

Los precios y beneficios libres, explica Henry Hazlitt, elevarán al máximo la producción y remediarán la escasez con mayor rapidez que ningún otro sistema.Los precios y beneficios arbitrariamente fijados sólo pueden prolongar la escasez y reducir no sólo la producción, sino también el número de empleos.

Resumiendo, los beneficios derivados de las relaciones entre costes y precios no sólo nos indican cuáles son los artículos de cuya producción se desprende mayor provecho económico para todos, sino también cuáles son los medios más económicos de fabricarlos, de modo que, las empresas, que en un orden social organizado de acuerdo con los auténticos principios liberales sólo tienen abierto para enriquecerse el camino de atender del mejor modo posible las necesidades de la gente, harán precisamente eso y del modo más económico posible si quieren tener éxito.