sábado, 28 de marzo de 2009

Los fundamentos de la prosperidad III: el libre intercambio

El libre intercambio

El libre intercambio es otro de los fundamentos de la prosperidad. Las personas que actúan libremente intercambian bienes y servicios sólo si consideran que salen ganando con el cambio. No tiene que perder una parte para que gane la otra. Se suele utilizar este ejemplo: Si Ricardo tiene un balón de fútbol pero le gusta más el baloncesto y Raúl tiene una pelota de baloncesto, pero le gusta más el fútbol; si deciden intercambiarlas se habrá creado riqueza. Las dos partes salen ganando con el cambio porque consiguen algo que valoran más que lo tenían previamente, luego son más ricas. El libre comercio crea riqueza y restringirlo supone empobrecer a las personas.

Se argumenta a veces que hay países que deben proteger a sus empresas de la competencia exterior. Los aranceles ciertamente pueden beneficiar a algunas empresas del país que los aplica, pero lo hace a costa de perjudicar al resto de la sociedad, a la que se priva de productos que podrían interesarle más que los locales por ser más baratos o de mayor calidad. Además los aranceles distorsionan la estructura productiva de un país porque hace que en lugar de especializarse en lo que mejor sabe hacer, ese país produzca cosas que le interesaría más comprar a alguien más competitivo en ese producto. Pero incluso si hubiese un país que no es capaz de producir nada de forma más competitiva que los demás, saldría ganando si se integrase en el libro comercio. En su formidable libro En Defensa del Capitalismo Global, Johan Norberg lo explica con un ejemplo similar a éste: si Ana es un as de la cirugía y además se le da bien cocinar y limpiar y Manuel sabe cocinar y limpiar pero peor que Ana, ambos podrían beneficiarse si Ana dedica el mayor tiempo posible a la cirugía, y le paga a Manuel por limpiar y cocinar en su casa. Aunque Ana fuese el doble de buena que Manuel limpiando, si es cien veces mejor como cirujano, le conviene concentrarse en lo que mejor sabe hacer para lograr el mayor rendimiento. Todos aquellos que rechazan el libre comercio porque se desarrolla bajo "condiciones desiguales " harían un llamamiento a Manuel para que se aislara y no incurriera en trato alguno con Ana.

¿Por qué, entonces hay riqueza en algunos sitios y en otros no? Porque mientras en algunos países se han esforzado al máximo en ahorrar para luego invertir y producir de forma competitiva para luego intercambiar esa producción por otras cosas, en otras naciones han prevalecido políticas restrictivas del ahorro, la producción y el libre comercio.

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jueves, 26 de marzo de 2009

Mientras la humanidad siempre avanzando no sepa a do camina...

A pesar de tanto globófobo y tanto neoludita la humanidad sigue avanzando, vivimos en un mundo cada vez más globalizado que cambia a un ritmo trepidante. Maravillas del mercado que no existían hace pocos años como Google o Facebook están revolucionando la comunicación humana. No se pierdan este vídeo para hacerse una idea del ritmo y el alcance de esta revolución.



Pulsando sobre el vídeo se accede a la versión subtitulada en español en Youtube.

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lunes, 16 de febrero de 2009

El tiburón del Carmelo




Lo ha pintado en un muro el grafitero Blu por encargo del ayuntamiento de Barcelona.
Es un gigantesco tiburón formado por billetes de 100 euros. Chapuceramente rectilíneo y bidimensional como si lo hubiese dibujado un niño de ocho años, pero progresista. Representa, interpreto, un colosal tiburón de las finanzas, la voracidad de este capitalismo insensible e inhumano, la ferocidad de la desregulación financiera que nos ha llevado a esta crisis de la que nos tienen que sacar los burócratas. Los mismos burócratas que hundieron literalmente el barrio del Carmelo contratan ahora a un grafitero progresista para distraer al personal y señalar a un culpable diferente de las desgracias cotidianas. Debemos temer la ferocidad del mercado, no a los sabios y ecuánimes prohombres de la política capaces de domesticar a la fiera.

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domingo, 15 de febrero de 2009

La economía de Los Reyes Magos

"Sus Majestades los Reyes de Oriente y Papa Noel han contado este año con un competidor excepcional. Un hombre que ha ido repartiendo mensajes positivos y sacas llenas de dinero por toda la geografía nacional: el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. (...). Él, con la única compañía de los miembros del Consejo de Ministros, ha ido mostrando su paquete de medidas para tratar de poner los cimientos de un tiempo de reanimación económica.

(... ) es de agradecer que el gobierno central decida dar un vuelco a sus previsiones presupuestarias y destine ese dinero suplementario a las administraciones más cercanas al ciudadano.

(... )Este plan de revitalización económica no puede recibir más que parabienes
."

No es ninguna parodia, un tal Gregorio Benítez escribía esto completamente en serio en el periódico La Voz de Castelldefels. Nuestro gobernantes, por lo visto, serían una mezcla entre la madre Teresa de Calcuta, Los Reyes Magos y Superman. Movidos exclusivamente por el amor al contribuyente estarían dispuestos a sacrificarse por nosotros para rescatarnos de una crisis en la que nada han tenido que ver, pero que dada su capacidad de generar riqueza de la nada y su omnipotencia, pueden resolver con facilidad mediante el sencillo mecanismo de gastar miles de millones de euros. Este plan "no puede recibir más que parabienes". Siendo tan positivo, tan sencillo y tan carente de inconvenientes, no es de extrañar que el mismo articulista se pregunte: "¿Por qué un gobierno como el nuestro no puede financiar año tras año esas obras que mejoran la calidad de vida diaria de sus ciudadanos? ¿Por qué hemos tenido que esperar a estar sumidos en una profunda y grave crisis económica, para que la Administración Central le dé prioridad a la mejora de servicios básicos en nuestras ciudades?"

En periódicos en principio más serios como La Vanguardia, el mensaje que recibe el lector no es muy diferente. En su suplemento de economía dominical, se pueden leer cada semana cosas como estas:

18/01/2009:

"Obama pretende ser el nuevo Roosevelt. (... ) Todo indica que los 800.000 millones no serán suficientes dada la magnitud del colapso del consumo". Andy Robinson

Es cierto que Obama pretende ser el nuevo Roosevelt, pero ellos lo pintan como el salvador de la economía mundial gracias al New Deal y no como el que convirtió una recesión en una larga y profunda depresión.

"La ruta de Roosevelt es el único camino". Paul Samuelson

1/02/09:

"Giro hacia la socialdemocracia. Empresarios y expertos parecen inclinarse por un modelo de mercado menos explosivo y más regulado". Andy Robinson


Ante este bombardeo de noticias muchos lectores acaban creyendo que la caída del consumo no es consecuencia de la crisis sino su causa, y que la solución pasa por dejar que los gobernantes gasten masivamente nuestro dinero porque sabrán hacerlo de manera más provechosa que nosotros. Si la solución es tan sencilla ¿por qué no están gastando masivamente todos los años? ¿por qué no gastan el doble para estimular más aún la economía y crear más empleo? Lo que se oculta es que el gobierno no puede crear riqueza de la nada y que todo lo que gaste lo dejará de gastar el contribuyente que ha financiado al gobierno mediante impuestos, o bien lo pagará dejando de consumir a medio plazo cuando haya que pagar las deudas contraídas por el gasto gubernamental que además habrán servido para dificultar el acceso al crédito de los agentes privados, o bien lo pagarán los ahorradores mediante la disolución de su riqueza en el caso de que se decida pagar la factura de los planes de estímulo aumentando la oferta monetaria, o sea reduciendo el valor adquisitivo de cada billete mediante la impresión de más.

Vean en este vídeo cómo la oferta monetaria ha crecido vertiginosamente en EE.UU.:




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lunes, 9 de febrero de 2009

Trichet tiene razón

Antes de 2008 muy poca gente preveía una crisis de tanta magnitud como la que ahora nos acecha . Se sabía que había algún nubarrón en el horizonte pero casi nadie estaba dispuesto a escuchar a los poquísimos aguafiestas que anunciaban el fin de una etapa. El desempleo era bajo, las bolsas estaban cerca de sus máximos históricos, España tenía un superávit importante y presumía de jugar en la Chapions League. ¿Quién iba a dejarse amargar por lo que dijeran unas cuantos agoreros? Los agoreros eran Peter Schiff, Harry Schultz, Francisco García Paramés, Roubini y Santiago Niño entre otros. Este último escribía hace tres años :

"... desencadenarí­a una crisis tremebunda. ¿Cómo de tremebunda?, pues la crisis serí­a de un nivel semejante a la Depresión de los Años Treinta iniciada con el crash de 1929. "

Llevo tiempo siguiendo los análisis de este catedrático. Me llamaba la atención que siguiendo un método muy distinto ( la econometría ) hubiese llegado a unas conclusiones parecidas a las de los economistas de la Escuela Austriaca. Recientemente, sin embargo, me ha descolocado que escribiese esto:

"Lo mejor de la semana pasada: M. Jean-Claude Trichet diciendo el Jueves que el origen de los problemas actuales está en el bajo precio que el dinero tuvo en años pasados: ¡alucinante!. ¡Pero si fue gracias a esos créditos concedidos a mansalva y a un precio bajo que las economías crecieron como crecieron!. ¿Por qué dirá alguien como él cosas como esa cuando sabe mejor que nadie que no son ciertas?"

En realidad sí son ciertas, como han explicado mediante una argumentación de una congruencia lógica impecable los seguidores de Mises. Los tipos de interés estuvieron muy bajos durante mucho tiempo, pero no porque hubiese ahorro abundante que hacía falta colocar a los demandantes de crédito sino porque los planificadores que dirigían los bancos centrales lo consideraron oportuno. Tras los ataques terroristas del 11-S se temía una gran crisis y se decidió mantener bajos los tipos de interés durante un largo periodo para animar la inversión. Sucede sin embargo, que los precios fijados por los planificadores están condenados a fracasar. Los tipos artificialmente bajos ditorsionan la relación entre consumo presente y consumo futuro: desincentivan el ahorro al tiempo que fomentan el consumo y el endeudamiento. El sobreconsumo y el sobreendeudamiento que vivimos estos años efectivamente hizo crecer mucho a la economía pero fue un boom artificialmente inducido que privó de capital líquido al sistema financiero y dio lugar a malas inversiones a gran escala, como pisos a 6.000€ el metro cuadrado. Sin ese bajo precio del dinero los inmuebles no habrían alcanzado esos precios ni los particulares tendrían las deudas tremendas que ahora tienen y que amenazan la supervivencia de muchos bancos. Las burbujas al final acaban estallando porque en algún momento se tiene que restringir el crédito que otorgaban unas entidades cortas de capital líquido debido al poco ahorro y a los muchos créditos otorgados.

La responsabilidad de los bancos centrales en la actual crisis la reconocen también economistas más ortodoxos como Sala-i-Martín que ayer decía en El Mundo: "La crisis (...) viene de malos incentivos en el sistema financiero, de una mala regulación mundial, de un exceso de intervención pública, de Greenspan bajando los tipos a casi cero".

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sábado, 24 de enero de 2009

Ni el desparrame crediticio ni el presupuestario son buenas ideas

Lo explican Peter Schiff y Daniel Mitchell en estos vídeos. En el primero Schiff (el asesor de Ron Paul que lleva alertando de la actual crisis desde hace años) explica cómo la expansión crediticia ha llevado a la economía estadounidense a una burbuja cuyo estallido tendrá consecuencias nefastas. En el segundo, Mitchell, académico del Cato, analiza las razones por las que las políticas que pretenden estimular la economía a través de un gasto público masivo están condenadas al fracaso a medio plazo. El segundo está subtitulado en castellano.








La versión subtitulada del vídeo de Mitchell es de hecho un resumen de la original, que dura casi el doble.

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lunes, 19 de enero de 2009

martes, 13 de enero de 2009

Abandono Siracusa. Me incorporo a 30 ADP

Después de once meses colaborando en Siracusa 2.0 como blogger asociado y como editor he llegado a un acuerdo con el resto de los socios fundadores para desvincularme del proyecto. Los lectores que accedían a este blog a través de Siracusa, no podrán seguir haciéndolo a partir del próximo post, pero sí se podrá acceder a través de Red Liberal y AntiZP mientras los propietarios de dichas páginas me sigan acogiendo.

Aprovecho para anunciar que también colaboraré en el blog 30 Años de Partitocracia, que tiene por objeto denunciar la baja calidad democrática de nuestro sistema institucional.

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viernes, 19 de diciembre de 2008

Ron Paul y Jim Rogers contra Bernanke

Sobre los efectos de la expansión monetaria. Subtítulos en español

Publicado en Youtube en febrero de 2008:




Enero de 2008:




Octubre de 2008




El de Jim Rogers, subtitulado en español aquí

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sábado, 6 de diciembre de 2008

Ayudas al automóvil: intervencionismo empobrecedor

En una entrada reciente explicábamos cómo, frecuentemente las políticas intervencionistas, al desviar la producción del curso que habría seguido en un mercado libre impiden que cada factor se emplee de la manera más provechosa y consecuentemente restringen la producción y empobrecen al conjunto de la sociedad.

Estos días la actualidad política nos brinda un ejemplo clarísimo de intervencionismo empobrecedor. El gobierno español ha ofrecido ayudas a los fabricantes de automóviles a cambio de que éstos se comprometan a mantener sus plantillas. Otros países occidentales han propuesto medidas parecidas. El sector atraviesa una aguda crisis. Las ventas de vehículos han caído estrepitosamente y por tanto las empresas deben adaptar su producción y sus plantillas al nuevo escenario. En este contexto ¿Qué sentido tiene incentivar a esas empresas para que mantengan sus plantillas? Políticamente puede tener algún sentido, pero económicamente no tiene ninguno. Si antes las empresas para mantener su producción necesitaban una plantilla abundante, pongamos, por poner un ejemplo, 200.000 empleados, y ahora para una producción mucho menor podrían pasar, por ejemplo con 125.000, ¿qué sentido tiene ayudarles a mantener los 200.000? Mantener a 200.000 trabajadores para producir lo que podrían producir 125.000, equivale a pagar a 75.000 trabajadores para que no produzcan nada. Lógicamente así no prospera ningún país. A nadie le gustan los despidos, pero pagar para no producir nada es ruinoso e inútil. Por cada empleo mantenido merced al gasto público, los contribuyentes que han sufragado ese gasto proporcionan un empleo menos en otras empresas. Si se orientan los recursos hacia sectores en declive, no se conseguirá sino perpetuar la recesión. ¿Qué hubiera pasado si cuando empezó a desarrollarse la industria del automóvil los políticos se hubieran empeñado en salvar el empleo de los fabricantes de carros de tracción animal?

Ante estas políticas populistas, hay que reiterar una y otra vez que los factores productivos son siempre escasos, y que aquellos que se empleen para una industria se están dejando de emplear para otra industria alternativa, acaso más eficiente, productiva y enriquecedora. Para que el capital y el trabajo se orienten hacia aquellos sectores donde pueden ser más provechosos hay que dejar que las decisiones económicas prevalezcan sobre las políticas, es decir hay que liberalizar los mercados para que los agentes, sin interferencias políticas, encuentren los usos más rentables para su capital y para su trabajo. Sólo así se reajustará la estructura productiva y se maximizará la producción redundando en beneficio de toda la sociedad. Los empleos que se pierdan en una empresa, si el mercado laboral es suficientemente flexible, se pueden recuperar en otra más eficiente.

A nadie debe extrañarle, después de este ejemplo, que los países que más trabas ponen al libre proceder de los agentes económicos y que más políticas restrictivas de la producción implementan, sean también los más pobres.

La producción es fin; el empleo, únicamente el medio de conseguirla. (Henry Hazlitt)

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sábado, 22 de noviembre de 2008

Los fundamentos de la prosperidad II: el ahorro

El ahorro

Carl Menger, pionero de la Escuela Austriaca, pensaba que no hay modo más seguro para hacer que una idea triunfe definitivamente que dejar que toda orientación contraria llegue a sus últimas consecuencias. En la actual coyuntura económica, las consecuencias de las políticas destructivas del ahorro que han prevalecido hasta ahora están a la vista de todos, pero no está claro que los responsables políticos vayan a cambiar su proceder. Las prácticas populistas de muchos de ellos, exigen el pago de enormes facturas. Y para hacerles frente tienen que recurrir a políticas lesivas del ahorro tales como subir los impuestos, endeudarse, o incluso aumentar la oferta monetaria.

Si las empresas pueden dar una utilidad práctica a los avances científicos y tecnológicos es gracias al ahorro. Cuando se acumula capital las empresas pueden financiar proyectos que les permitan ser más productivas. Pueden introducir innovaciones que les permiten producir más con los mismos recursos. Cuanto más produce el individuo, como vimos, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad, y cuanto más y mejor produce por hora el individuo, más es capaz de aumentar su salario.

Cuando los gobiernos, para sacar adelante sus agendas populistas, recaudan en forma de impuestos, buena parte de la renta de los contribuyentes, están impidiendo que esos recursos se acumulen en forma de ahorro y sean empleados para financiar proyectos que, utilizados en sectores eficientes, habrían redundado en beneficio de toda la comunidad.

Cuando los gobiernos se endeudan están obstaculizando que empresas y familias puedan hacer lo mismo, porque están compitiendo con ellas por un recurso escaso, lo que provoca un encarecimiento de ese recurso, es decir, hacen subir el precio del dinero.

Si los gobiernos, para hacer frente al pago de sus facturas, patrocinan un aumento de la oferta monetaria, estarán diluyendo el valor de la moneda. Directamente estarán destruyendo el ahorro de las familias y las empresas. Cuando hay más euros compitiendo por los mismos bienes y servicios, inevitablemente habrá que pagar más euros para hacerse con esos bienes o servicios. Henry Hazlitt lo explicaba así: “Los que imaginan posible aumentar el volumen dinerario en cualquier medida sin que resulten afectados los precios o bien son incapaces de comprender que la colectividad no puede adquirir doble cantidad de bienes que antes, a menos que su producción se duplique, o imaginan que lo único que impide el crecimiento indefinido de la producción no es la escasez de mano de obra y las limitaciones del horario laboral y de los restantes factores de la producción, sino tan sólo la escasez de medios de pago”.

Por eso, las medidas que obstaculizan este proceso de acumulación y asignación a sectores eficientes del capital, están obstaculizando el progreso que posibilita más y mejor producción y también mayores salarios.

El ahorro, conviene recordar, no se genera espontáneamente. Depende de los tipos de interés. Si éstos son artificialmente bajos, el incentivo para ahorrar disminuye y provocan que se demande más dinero del que se ofrece, a la vez que se distorsiona la relación entre el consumo presente y el consumo futuro. Además se lanza una señal engañosa a los operadores que hace que proyectos antieconómicos les parezcan en principio rentables. Esto da lugar a malas inversiones a gran escala cuya inviabilidad se revela al estallar las crisis que estas políticas originan.

Por eso es importantísimo que los tipos de interés no dependan de populistas inescrupulosos.


Los fundamentos de la prosperidad I: la producción
Los fundamentos de la prosperidad III: el libre intercambio

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viernes, 14 de noviembre de 2008

Neopanglossianos

El preceptor Pangloss, oráculo de la casa, daba sus clases y el pequeño Cándido lo escuchaba con una buena fe acorde con su edad y carácter. (...) “Está demostrado, decía, que las cosas no pueden suceder de otro modo; porque estando todo hecho para un fin, todo lleva necesariamente hacia el fin mejor. Notad bien que las narices han sido hechas para llevar gafas; luego usamos gafas. Las piernas están visiblemente instituidas para ser calzadas y por eso llevamos calzas. (...) Para terminar, aquellos que dijeron que todo está bien, se equivocaron; debían haber dicho que todo es perfecto””

El personaje de Voltaire no desentonaría mucho en la armoniosa España de ZP. Si hace trece años, el modelno creía que con González habíamos alcanzado la perfección romana del Estado y del Derecho, en la actualidad el neopanglossiano está seguro de que nos gobierna la élite cultural e intelectual de la sociedad. Se informa de la actualidad con María Teresa Campos y atiende con interés los análisis de Enric Sopena. Confía en el talante de los gobernantes y en su capacidad de diálogo para sobreponerse a cualquier adversidad y cree que cuando éstos proponen una ley en defensa del internauta lo que pretenden efectivamente es defender al internauta. Admira a Bibiana Aído y no teme a la crisis-financiera-causada-por-el-neoliberalismo porque ha leído en el blog de Escolar que ZP tiene las claves para refundar el capitalismo en Washington. Tiene una fe ciega en la clase dirigente y no duda que Apel.les Carod se gana su sueldo en la embajada catalana en París, ni que el C.A.C. reparte las licencias radiofónicas en base a criterios exclusivamente técnicos. Paga sus impuestos sin rechistar y cree que el pegote de Barceló en Ginebra es Arte.





domingo, 9 de noviembre de 2008

La movilidad social en EE.UU.

Está muy extendida la idea de que la movilidad social es muy pequeña, que los pobres y los ricos lo son para siempre, y se dice que esta situación justifica el intervencionismo económico. Esto es así en las economías muy rígidas, donde los grupos que se benefician de los privilegios concedidos por la administración, en forma a veces de limitaciones a la entrada de competidores en determinados mercados, presionan para mantener el statu quo. No es de extrañar por tanto, que magnates como Carlos Slim, apoyen a ultrapopulistas como López Obrador. En las economías más flexibles, sin embargo, donde prevalecen las empresas que mejor se adaptan a los cambios y que mejor satisfacen al consumidor en un entorno competitivo, y no aquellas que gozan de un trato de favor por parte del poder político, la cosa es diferente. Lo explica Johan Norberg en su libro En Defensa del Capitalismo Global:

"En una economía dinámica de mercado existe la movilidad social. Aquellos que son pobres hoy no tienen necesariamente que serlo mañana. En la ausencia de privilegios inamovibles e impuestos gravosos, las posibilidades de mejorar el propio nivel de vida mediante el esfuerzo personal, la educación y el ahorro son muy elevadas. El 80% de los millonarios americanos han amasado personalmente su fortuna, es decir, su patrimonio no es heredado.

Ciertamente el 20% de la población de menos recursos en una economía capitalista como la estadounidense sólo gana el 3,6% del PNB del país, una proporción que no parece ampliarse. Pero al estudiar de esta manera estática las desigualdades de renta, olvidamos fácilmente que existe una movilidad continua dentro de los diversos grupos, y que dicha movilidad es ascendente. En parte porque los salarios aumentan con la cualificación y los años de ejercicio profesional. Sólo el 5,1% de los estadounidenses que pertenecían en 1975 al 20% más pobre de la población seguía haciéndolo en 1991. Casi un 30% de ellos había logrado posicionarse durante ese periodo entre el 20% más rico y, en total, un 60% se había colocado entre el 40% más próspero del país. El sector de la población que en 1975 pertenecía al 20% más pobre había incrementado en 1991 sus ingresos anuales ( que en 1997 se situaba en el equivalente a 1.263 dólares ) nada menos que 27.745 dólares, lo cual supone un aumento en términos absolutos de más de seis veces el logrado por el 20% más opulento.

(...)Sólo un 4% de la población estadounidense es considerada como pobre de larga duración ( más de dos años ). Simultáneamente, al segmento del 20% más deprimido se incorporan nuevos individuos, principalmente estudiantes e inmigrantes sin recursos, que podrán subir rápidamente en la escala de la prosperidad.
"

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miércoles, 22 de octubre de 2008

Austrofobia, constructivismos y utopismos

El Neoconomicón es un blog riguroso y de calidad, sobre todo en el tratamiento de temas filosóficos e históricos. Me sorprende, sin embargo, que su autor tenga esta percepción del pensamiento miseano:

"Nairu, la humanidad no se ahorraría padecimientos salvo que viviésemos en alguna utopía, y perseguir la utopía ha sido causa de padecimientos bastante gordos. O, como escribió Hölderlin, cada vez que el hombre ha tratado de hacer del mundo su paraíso, lo ha convertido en el infierno. Eso vale para Marx, pero también para Mises y para cualquiera que hable como un iluminado y pretenda abolir el a posteriori. Si hay que rescatar algo del liberalismo, será el empirismo y el espíritu escéptico, no la doctrinaza a machamartillo. O sea, que todos estos iluminados y visionarios, a la mierda".

Yo le he contestado que los que hicieron tanto daño en pos de esas utopías fueron los racionalistas constructivistas contra los que tanto batallaron Mises y Hayek. Que el liberalismo de éstos es todo lo contrario del utopismo constructivista. Que utopismo es creer que la acción estatal puede abolir la herencia sin consecuencias dramáticas, o que se pueden bajar los precios por decreto sin provocar escasez, o que los salarios pueden evolucionar independientemente de la productividad sin que aumente el paro. O en definitiva, esa pretensión arrogante según la cual, el hombre puede moldear a su gusto la realidad circundante. La doctrina de Mises y de Hayek, es todo lo contrario de la búsqueda utópica de paraísos. Es el reconocimiento de los límites de la ación política. Es el realismo frente al utopismo constructivista, por eso me indigna que las entradas sobre pensamiento austriaco en este blog vayan siempre acompañadas de etiquetas como "ingenuidad crónica", "ingenuidad sin límites" etc.

Lo que decía exactamente Hölderlin, conviene recordar, es lo siguiente: "Lo que ha hecho siempre del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha intentado hacer de él su paraíso."

Sobre este tema, me parece muy conveniente recordar estas palabras que escribió Huerta de Soto para el prólogo de La Fatal Arrogancia ( F. Hayek):

"La gran aportación de Hayek consiste, básicamente, en haber puesto de manifiesto que la idea original de Ludwig von Mises en torno a la imposibilidad del cálculo económico socialista no es sino un caso particular del principio más general de la imposibilidad lógica del "racionalismo constructivista o cartesiano", que se basa en el espejismo de considerar que el poder de la razón humana es muy superior al que realmente tiene, y que cae, por tanto, en la fatal arrogancia "cientista" que consiste en creer que no existen límites en cuanto al desarrollo futuro de las aplicaciones de técnica o ingeniería social.

(...) Organizar la sociedad desde arriba , basándose en órdenes, mandatos coactivos y prohibiciones es teóricamente imposible, al impedirse la libre creación y transmisión del enorme volumen de información práctica que exige una economía moderna y que no puede ser siquiera intuido por el órgano central de planificación. (...) De hecho, todas las tragedias de la humanidad de los últimos cien años que no se han debido a causas naturales (...) han tenido su origen directo o indirecto en el deseo, muchas veces bienintencionado, de llevar a la práctica la utopía socialista."

En Derecho, Legislación y Libertad, Hayek explica esta idea con una claridad insuperable:

" El error característico de los racionalistas constructivistas a este respecto estriba en que intentan basar sus argumentos en lo que se ha denominado la ilusión sinóptica, es decir, en la ficción de que todos los hechos relevantes son conocidos por alguna mente, y de que es posible construir a partir de este conocimiento de los particulares un orden social deseable. A veces la ilusión se expresa con un toque de conmovedora ingenuidad en los entusiastas de una sociedad deliberadamente planificada, como cuando alguno de ellos sueña con el desarrollo del “arte del pensar simultáneo: la capacidad de abordar a un tiempo una multitud de fenómenos interrelacionados, y de integrar en un solo esquema los atributos tanto cuantitativos como cualitativos de estos fenómenos”(Lewis Mumford). Tales sujetos parecen ignorar completamente que este sueño esquiva el problema central que plantea cualquier esfuerzo por comprender o conformar el orden de la sociedad: nuestra incapacidad para reunir como conjunto abarcable todos los datos que integran el orden social. Todos aquellos que están fascinados por los bellos planes que resultan de tal planteamiento porque son “tan ordenados, tan visibles y tan fácilmente comprensibles”(Jane Jacobs), son víctimas de la ilusión sinóptica y desconocen que estos planes deben su aparente claridad al hecho de que el planificador deja a un lado todos los hechos que desconoce”…

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sábado, 27 de septiembre de 2008

Crisis: Teoría y hechos

Ante una crisis como la actual es normal que todo aquel que confiaba en un modelo económico valore si los hechos acaecidos se ajustan o no a ese modelo teórico. Así por ejemplo, hay a gente como Raimon Obiols, quien dirigió el PSC hasta 1996, que reconocen humildemente, que el modelo en que hasta ahora creían, la socialdemocracia, no ofrece respuestas a la actual crisis. También hay gente, como el arzobispo de Canterbury, aquél que bendecía la implantación de la Sharia en el Reino Unido, que cree que los hechos vienen a darle la razón a Marx y que asistimos al principio del fin del capitalismo. Interpretaciones parecidas a ésta última tienen mucha repercusión en los grandes medios de comunicación, cosa por otra parte, fácilmente predecible.

Lo que no tiene tanta repercusión es la interpretación de los seguidores de Mises, a pesar de haber vaticinado el hundimiento del mercado inmobiliario y el descalabro del sistema financiero hace más de un año, cuando aún prevalecía el optimismo entre los inversores. Recordemos que el IBEX alcanzó su máximo histórico el pasado mes de noviembre.

Mises defendía que las depresiones eran consecuencia de las políticas de expansión crediticia patrocinadas por los gobiernos pensadas para rebajar los tipos de interés del mercado. Y lo que hemos tenido en España, más que una expansión habría que llamarlo auténtico desparrame crediticio: entre 2001 y 2007 la actividad crediticia creció cada año un 25%, algo que no ha ocurrido en ningún otro lugar del mundo, ni siquiera en China. Para hacerse una idea de lo que significa crecer anualmente al 25%, consideremos que tenemos una deuda de 3.000 euros. Si crece a ese ritmo, al sexto año la deuda ascenderá a 11.444€ y al décimo a 27.940. O sea, es un ritmo insostenible a medio plazo. Y ocurre que en España, donde el crédito crecía a ese ritmo gracias al ahorro extranjero, ahora las fuentes de financiación están cerradas a cal y canto. Teniendo en cuenta que además hay en este país tal cantidad de viviendas sin vender que se necesatarían cuatro años para venderlas todas al ritmo actual de ventas, no hacía falta ser un adivino para anunciar un frenazo en seco de la construcción, lo que se traduce inevitablemente en un importante aumento del desempleo, que además será muy difícil de revertir en las condiciones actuales. Mises defendía también que esas políticas expansivas del crédito creaban malas inversiones a gran escala, que privaban de capital líquido al sistema económico y llevaban a contracciones del crédito y de ahí las depresiones. Y vemos cómo ése es precisamente el panorama actual en España donde la fiebre inmobiliaria hizo que el precio del metro cuadrado superase los 6.000€ en nueve ciudades en 2.006, y que fuese más barato comprar un piso en el centro de París que en la playa de Castelldefels. Y los bajos tipos de interés han provocado aquí también escasez de liquidez en las entidades bancarias. Los defensores de estas políticas parecen creer que se pueden bajar los tipos sin que descienda el ahorro, tal vez porque crean que los que ahorran no tienen otra alternativa para su dinero que depositarlo en los bancos.

Ludwig von Mises era además un destacado defensor del patrón oro que , según creía, haría imposible tanto la inflación como la deflación, pero este asunto no lo trataremos aquí sin antes haberlo estudiado en profundidad.

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