
Vienen diciéndonos desde hace tres años y medio que la política intransigente de Aznar radicalizó y fortaleció a los nacionalistas. Que Zapatero los contentaría a base de diálogo y concesiones. Que cediendo a sus principales pretensiones en un nuevo Estatut, se resolvería definivamente el encaje de Cataluña en España, los nacionalistas quedarían satisfechos, integrados y saciados y dejarían de lado sus pretensiones secesionistas.
Se derogó una ley que castigaba duramente la convocatoria de referéndums ilegales, se aprobó el Estatut de Cataluña, se permitió que las candidaturas proetarras participasen en las elecciones, se dialogó mucho con los terroristas, se aprobaron naciones preambulares y hasta se sacaron de la manga la esperpéntica realidad nacional andaluza, se pactó con los independentistas para formar gobierno en Cataluña, Baleares y Galicia, y se sacó durante unos días a De Juana de la cárcel.
Después de casi una legislatura de cesiones, como era fácilmente previsible para cualquiera que no sea un gran ingenuo, los nacionalistas, lejos de darse por satisfechos, están más envalentonados que nunca y ahora ven al alcance de la mano, lo que hace cuatro años les parecía una quimera inalcanzable.
Así, tenemos por un lado a un Ibarretxe que desafía el orden constitucional y fija para el 2008 su referéndum de autodeterminación. Por otro, a un Carod, que lo reclama para Cataluña en el 2014. La quema de fotos del Rey se suceden a diario en Cataluña y se dedica una calle en Igualada a un proetarra con el voto favorable del PSC.
¿ Puede sobrevivir este país a otros cuatro años del campeón del diálogo y el talante ?